Hemos visto que Platòn elogia en las Leyes a los egipcios, que prohìben a los artistas “innovar ni imaginar nada que no estè de acuerdo con la tradiciòn ancestral”. Pero hubo un tiempo en que defendìa, con una ironìa mordaz, la libertad de investigaciòn en las artes, las tècnicas y las ciencias: si el artista – escribe en un texto del Polìtica que nos ha señalado Brèhier – debiera atenerse siempre a reglas escritas, codificadas en tratados (katà sûngràmmata), y si una ley le impidiera investigar (zèiten), las artes se perderìan totalmente y no renacerìan jamàs, “de modo que la existencia, ya tan penosa ahora, resultarìa absolutamente imposible de ser vivida”. Platòn escribiò estas lìneas en el momento en que sometiò a una aguda crìtica la nociòn de ley, pero no tardò en restituirle el valor que le cuestionaba entonces.


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