Gémino define la escenografía como el arte de engañar al ojo para que las cosas parezcan verdaderas y proporcionadas, corrigiendo las ilusiones ópticas naturales. Decía literalmente:
“La escenografía muestra cómo representar en los dibujos los objetos que no aparecen tal como son en la realidad, ni con sus formas verdaderas, sino tal como deben parecer a la vista… Su objetivo no es dar las proporciones reales de la obra, sino las proporciones ópticas que hacen que se vea bien desde el punto de vista del espectador.”
Y de este texto tenemos mucho para decir…
La historia de la escenografía clásica no solo se construye con ruinas y fragmentos de teatro, sino también con los textos teóricos que sobrevivieron al paso del tiempo… o que creemos que sobrevivieron. El tratado sobre óptica y escenografía habitualmente vinculado a Gémino es un claro ejemplo de lo frágil que puede ser la atribución histórica. Desde errores de copistas en el siglo XVI hasta cálculos astronómicos que sitúan a su autor entre el 70 a. C. y el siglo III, desglosamos las razones por las que la datación de este escrito sigue siendo un debate abierto entre los historiadores.
Hay un texto, Tratado de Óptica (u Opto-scenographia), atribuido a Gémino de Rodas.
En los fragmentos conservados —a menudo citados de forma indirecta por el filósofo neoplatónico Proclo—, el autor define la escenografía no como la mera pintura de decorados teatrales, sino como la óptica aplicada a la arquitectura y la pintura (la técnica de corregir visualmente las deformaciones de perspectiva, como la curvatura de las columnas o el cálculo de proporciones a gran escala).
El texto contiene una cita célebre sobre cómo los escultores y arquitectos debían calcular las dimensiones de sus obras para que no se deformaran vistas desde abajo. Allí se menciona como ejemplo las enormes proporciones del Coloso de Cares (el Coloso de Rodas). No sobrevivió como un libro completo, sino en fragmentos sueltos pegados al final de otros tratados (como los de Herón de Alejandría o la Óptica de Damiano de Larisa). En el siglo XVI, el copista Ange Vergese los añadió manualmente al manuscrito de Damiano. Y en 1897, el filólogo Richard Schöne los editó agrupados e imprimió la etiqueta «Gémino» simplemente para tener un nombre de referencia cómodo.
Este texto atribuido a veces a Gémino, es muy difícil de datar, pues:
1° La atribución a Gémino no está establecida con seguridad: El fragmento nos ha llegado sin nombre de autor; en los manuscritos, los extractos con los que se relaciona vienen a continuación de escritos atribuidos a Herón (Hultsch lo publicó, en 1864, como apéndice a estos escritos), o bien del pequeño tratado de óptica de Damiano de Larisa, hijo de Heliodoro, al cual se añadieron en el siglo XVI por obra del copista Ange Vergese, al cual debemos dos manuscritos de la biblioteca Barberini, de Roma. Schöne publicó este texto con el escrito de Damiano en 1897, y bajo el nombre de Gémino, pero eso solo para abreviar. La atribución a Gémino reposa únicamente sobre una cierta analogía que el fragmento presenta cojn extractos de éste que se encuentran en otros autores, sobre todo en Proclo;
2° La cronología de Gémino es incierta: Sabemos por Simplicio que Gémino era citado por Alejandro de Afrodisia; por lo tanto era anterior al final del siglo II.
Por otra parte, nos ha llegado bajo su nombre una Introducción al estudio de los fenómenos celestes, donde señala el error de los griegos, que creen que la fiesta egipcia de Isis se celebra en el solsticio de invierno, mientras que en cambio ocurre un mes más tarde; el autor agrega que 120 años antes había habido coincidencia. Esta indicación permite calcular que debió escribir la Introducción hacia el 70 aC, entre 70 y 30, según la interpretación de Tannery.
Se admite generalmente que nació en Rodas, de modo que habría podido pensar, al escribir el texto en cuestión, en el coloso de Cares (que por otra parte desde hacía mucho tiempo había sido derribado por un terremoto); pero se menciona a Rodas”únicamente porque sus determinaciones astronómicas se refieren en general al horizonte de esta ciudad”, lo cual “sólo significa que utiliza los números dados por Hiparco”.
Por otra parte, Simplicio nos dice que la cita que de él hizo Alejandro estaba tomada “del epítome del Tratado astronómico de Posidonio, opinión que confirman diversas coincidencias. Tannery estima, por lo contrario, que la Introducción es independiente de Posidonio, y cree por otro lado que el fragmento sobre la óptica fue tomado de Gémino por intermedio de Anatolio (s. III aC). Por último, K. Reinhardt atribuye la Introducción a la generación inmediatamente anterior a la de Posidonio; se trataría, por lo demás, de escritos seudoepigráficos.


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