En los Memorables, Sòcrates, dirigièndose a Parrasio y al escultor que Jenofonte llama Cleito, reprocha a los artistas que no representen el alam de sus modelos: “Dime, Parrasio, ¿no consiste la pintura en la representaciòn de lo que se ve? ¿No imitas con colores las depresiones y los relieves, las sombras y los claros, las durezas y las partes blandas (ta malakà), las saliencias y lo plano, la juventud y la senilidad de los cuerpos? – Asì es. -Pero entonces, lo màs atrayente, lo màs arrebatador, amable, deseable y seductor, que es el estado moral del alma, ¿no lo imitas? ¿Serà que es inimitable? – Pero Sòcrates, ¿con què medios podrìa imitarlo, si no tiene proporciones, ni color, ni ninguna de las cualidades que enumerabas hace un instante, en una palabra, si no es visible? – ¡Pero còmo! ¿No expresa el hombre por medio de la mirada a veces afecto, a veces odio? – Seguramente. -Y bien, ¿no hay que reproducir esas expresiones de los ojos? – Por cierto, es necesario.” Y màs adelante, en la conversaciòn con el escultor: “¿ No hay que representar la amenaza que se lee en las miradas de los combatientes y la alegrìa que brilla en los ojos de los vencedores? – Por cierto. – Un estatuario debe entonces traducir plàsticamente las impresiones del alma.” – “¿Còmo no sorprenderse – dice G. Fougères – al comprobar la coincidencia existente entre el modo en que Sòcrates insiste acerca del valor expresivo de los ojos, y la significativa importancia que toma de repente este òrgano en la escultura del siglo IV? La angustia romàntica de las miradas que expresan las obras de Escopas, es una novedad en el arte griego. ¿Què serìa del encanto de Praxìteles sin la languidez y la suave expresiòn de los ojos, de leves pàrpados, en misteriosa armonìa con la discreciòn de la sonrisa?”
Pero si Jenofonte alude asì al expresionismo, tal como se manifiesta no solo en Escopas sino tambièn en Silanio – “no representò a un hombre en el bronce, sino a la iracundia misma”, dice Plinio hablando de la estatua de Apolodoro-, para Platòn sòlo la mùsica puede “imitar” el alma.


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