Cuando hablamos de la historia de la universidad argentina, hay que retroceder mucho más allá de la creación de la Universidad de Buenos Aires.
Hay que viajar hasta Córdoba, a comienzos del siglo XVII, cuando todavía no existía la Argentina, Buenos Aires no era la capital de un virreinato y gran parte del territorio que hoy conocemos como nuestro país formaba parte de la estructura colonial de la monarquía española.
Fue allí donde comenzó la historia de la educación superior que, con enormes transformaciones, terminaría dando origen a una de las instituciones universitarias más antiguas de América: la actual Universidad Nacional de Córdoba.
Pero la historia comienza antes de 1613.
Córdoba y los jesuitas
La Compañía de Jesús llegó a Córdoba en 1599. Desde entonces, la ciudad se convirtió en uno de los centros principales de la actividad educativa y religiosa de los jesuitas en la región.
La orden desarrolló allí un complejo de instituciones que incluía espacios de formación religiosa, colegios y establecimientos destinados a la enseñanza.
Entre ellos se encontraba el Colegio Máximo, institución que sería la base de la futura universidad.
La elección de Córdoba no fue casual.
La ciudad ocupaba una posición importante dentro del espacio colonial del Tucumán y funcionaba como un punto de conexión entre diferentes regiones. La presencia de los jesuitas convirtió progresivamente a Córdoba en un centro intelectual y educativo de importancia.
De allí proviene uno de los sobrenombres históricos de la ciudad:
La Docta.
1613: comienzan los estudios superiores
En este contexto aparece la figura de Fray Fernando de Trejo y Sanabria, obispo de Córdoba del Tucumán.
Trejo y Sanabria impulsó la creación de estudios superiores en el Colegio Máximo y realizó una importante contribución económica destinada a sostener las cátedras.
En 1613 comenzaron allí los estudios superiores, bajo la dirección de los jesuitas.
Este acontecimiento es considerado tradicionalmente el origen de la actual Universidad Nacional de Córdoba.
Pero hay una precisión fundamental:
En 1613 todavía no podía otorgar títulos universitarios.
Los estudios habían comenzado, pero el Colegio Máximo todavía no tenía autorización para conferir grados académicos reconocidos.
La diferencia puede parecer pequeña, pero históricamente es fundamental.
1613 = comienzo de los estudios superiores.
1621–1622 = autorización para conferir grados y reconocimiento universitario.
Esta distinción aparece claramente en la documentación histórica de la propia UNC.
¿Qué se estudiaba?
La enseñanza estaba muy lejos de la estructura de una universidad contemporánea.
Los estudios estaban profundamente vinculados con la formación intelectual y religiosa de la época.
Entre las disciplinas fundamentales estaban:
- Gramática y latín
- Filosofía
- Teología
La filosofía ocupaba un lugar central en la formación intelectual, mientras que la teología constituía uno de los campos fundamentales de la institución.
Durante el período jesuítico, la universidad tuvo esencialmente un perfil filosófico-teológico.
No existían las facultades que hoy asociamos con una universidad moderna.
No había Medicina, Ingeniería, Arquitectura, Psicología o Ciencias Económicas.
La idea misma de una universidad organizada en numerosas facultades profesionales todavía estaba muy lejos.
¿Quiénes estudiaban?
Aquí aparece una diferencia enorme con la universidad argentina contemporánea.
El Colegio Máximo tenía una fuerte relación con la formación de los miembros de la Compañía de Jesús.
Las aulas comenzaron a funcionar con un número muy reducido de estudiantes. Según documentación histórica de la UNC, en febrero de 1614 se abrieron las aulas con aproximadamente 50 estudiantes: 30 del convictorio y 20 externos.
No estamos, por lo tanto, ante una institución destinada a la educación masiva.
La universidad colonial era una institución pequeña, vinculada a una sociedad profundamente jerarquizada y a las necesidades intelectuales y religiosas de determinados grupos.
Esto es importante para no proyectar sobre el siglo XVII nuestra idea actual de universidad.
1621: llega la autorización pontificia
Los estudios superiores cordobeses necesitaban un reconocimiento que permitiera convertir los estudios realizados allí en grados académicos reconocidos.
Ese reconocimiento llegó desde Roma.
El 8 de agosto de 1621, el papa Gregorio XV otorgó mediante un Breve Apostólico la facultad para conferir grados al Colegio Máximo.
Este documento modificaba sustancialmente la situación.
Ya no se trataba solamente de una institución donde se impartían estudios avanzados.
Ahora podía conceder grados académicos.
Pero faltaba todavía la confirmación de la autoridad monárquica.
1622: Felipe IV confirma la institución
El reconocimiento pontificio fue seguido por la autorización de la Corona.
El 2 de febrero de 1622, el rey Felipe IV expidió una Real Cédula que ratificaba la facultad para conferir grados.
La documentación llegó a Córdoba en abril de ese año.
El provincial jesuita Pedro de Oñate, con acuerdo de los profesores, declaró inaugurada la Universidad y redactó su reglamento.
Los títulos que otorgaba adquirieron así reconocimiento oficial.
Por eso podemos reconstruir el nacimiento de la institución de esta manera:
1599 → llegada de los jesuitas a Córdoba.
1613 → comienzan los estudios superiores en el Colegio Máximo.
1621 → el papa Gregorio XV concede facultad para conferir grados.
1622 → Felipe IV confirma esa facultad mediante Real Cédula.
1622 → se declara formalmente inaugurada la Universidad.
Esta secuencia resulta mucho más precisa que afirmar simplemente que “la Universidad de Córdoba fue fundada en 1613”.
Una universidad antes de la Argentina
Hay otro aspecto fundamental.
En 1613 no existía la Argentina como Estado nacional.
Tampoco existía el Virreinato del Río de la Plata: sería creado recién en 1776.
Córdoba formaba parte del espacio colonial español y se encontraba vinculada a la Gobernación del Tucumán, dentro de la estructura administrativa de la monarquía.
Por eso, cuando hablamos de la Universidad de Córdoba como “la primera universidad argentina”, estamos utilizando una categoría histórica posterior.
La institución es anterior al nacimiento del país.
Esta característica distingue profundamente su historia de la de la Universidad de Buenos Aires, fundada en 1821, cuando el proceso de independencia ya había transformado completamente el escenario político.
La Universidad y la Compañía de Jesús
Durante más de un siglo y medio, la universidad estuvo estrechamente ligada a los jesuitas.
La Compañía de Jesús no solamente administraba la institución: había construido en Córdoba un verdadero sistema educativo.
El Colegio Máximo, la iglesia de la Compañía y posteriormente el Colegio de Monserrat formaron parte de un complejo educativo y religioso mucho mayor.
El Colegio de Monserrat fue fundado en 1687 por el presbítero Ignacio Duarte y Quirós. Funcionó como convictorio, es decir, como un establecimiento donde los estudiantes residían y recibían formación vinculada con los estudios universitarios.
De esta manera, Córdoba fue consolidando una auténtica comunidad educativa.
No se trataba únicamente de un edificio llamado “universidad”.
Existía una red de colegios, residencias, aulas, iglesias, bibliotecas y espacios de formación.
1767: la expulsión de los jesuitas
La historia de la Universidad de Córdoba sufrió un cambio radical en 1767.
El rey Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles.
La medida afectó directamente a la universidad.
Después de más de 150 años de conducción jesuítica, la institución pasó a manos de los franciscanos.
Este cambio no fue simplemente administrativo.
Significó la ruptura de una tradición institucional que había comenzado con la fundación misma de los estudios superiores cordobeses.
Sin embargo, la universidad sobrevivió.
Y durante las décadas siguientes comenzó otra etapa de su historia.
Del monopolio de la teología hacia el estudio del derecho
Durante gran parte de su período jesuítico, la universidad había estado concentrada en la filosofía y la teología.
Pero hacia finales del siglo XVIII comenzaron a producirse transformaciones importantes.
En 1791 se incorporaron los estudios de leyes, dando lugar a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.
Esto representa un cambio muy significativo.
La universidad comenzó a abandonar progresivamente su carácter exclusivamente teológico-filosófico.
El derecho tenía además una importancia especial en una sociedad colonial en la que la formación de juristas era fundamental para la administración, la Iglesia y las instituciones públicas.
La Universidad de Córdoba comenzaba así a acercarse, lentamente, a una concepción más amplia de educación superior.
1800: una nueva universidad
El proceso de transformación continuó a comienzos del siglo XIX.
En 1800, una Real Cédula elevó la institución al rango de Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat.
La ejecución efectiva de esa disposición se produjo en 1808, cuando el clero secular desplazó a los franciscanos de la conducción y el deán Gregorio Funes asumió como rector.
Funes impulsó reformas destinadas a modernizar los estudios.
Entre las materias que promovió aparecieron conocimientos matemáticos como:
- aritmética;
- álgebra;
- geometría.
También mostró interés por ampliar la formación científica y técnica.
La universidad estaba entrando en una nueva época.
La universidad frente a la Revolución
Cuando estalló la Revolución de Mayo en 1810, la Universidad de Córdoba tenía casi dos siglos de historia.
Había sobrevivido a:
- la desaparición del orden colonial jesuítico;
- la expulsión de los jesuitas;
- el cambio de autoridades;
- la incorporación de los estudios jurídicos;
- las reformas de comienzos del siglo XIX.
Y ahora debía atravesar un nuevo proceso revolucionario.
La universidad no era una institución ajena a los acontecimientos políticos.
Sus profesores y graduados participaron de la vida pública y política de las Provincias Unidas.
El deán Gregorio Funes, por ejemplo, fue una figura destacada de la vida política e intelectual de los primeros años revolucionarios.
La Universidad de Córdoba comenzaba así a formar parte de la historia política del nuevo país que estaba naciendo.
1854: la nacionalización
La independencia no significó inmediatamente que la Universidad de Córdoba se convirtiera en una universidad nacional.
Durante las décadas posteriores a la Revolución, la institución atravesó diferentes etapas de dependencia y administración.
Entre 1820 y 1854 estuvo bajo la órbita de la provincia de Córdoba.
Finalmente, en 1854, durante la presidencia de Justo José de Urquiza, la Universidad de Córdoba fue nacionalizada.
La antigua universidad colonial se convertía así en una institución perteneciente al Estado nacional argentino.
Habían pasado más de dos siglos desde aquellos primeros estudios del Colegio Máximo.
De la Casa de Trejo a la Universidad Nacional de Córdoba
La institución que nació vinculada a los jesuitas en el siglo XVII atravesó transformaciones profundas:
Colegio Máximo → Universidad colonial → Universidad Real → institución provincial → Universidad nacional.
No fue una historia lineal.
Fue una sucesión de cambios políticos, religiosos, institucionales y académicos.
Y, sin embargo, existe una continuidad fundamental.
La institución que comenzó sus estudios superiores en Córdoba en 1613 sigue existiendo hoy como Universidad Nacional de Córdoba.
Por eso, cuando recorremos una de sus aulas, patios o claustros, no estamos simplemente ante edificios antiguos.
Estamos ante espacios que forman parte de una historia educativa de más de cuatro siglos.
¿Por qué 1613 es tan importante?
La fecha de 1613 no debe entenderse como el nacimiento de la universidad moderna argentina.
Pero sí representa algo fundamental:
el comienzo de los estudios superiores institucionalizados en el territorio que posteriormente formaría parte de la República Argentina.
Durante más de dos siglos, Córdoba fue el principal centro universitario de este espacio.
Cuando finalmente Buenos Aires creó su propia universidad en 1821, Córdoba ya tenía más de doscientos años de tradición académica.
Y esa diferencia temporal explica buena parte de la historia posterior de ambas instituciones.
La historia de la universidad argentina, por lo tanto, no comienza en Buenos Aires.
Comienza en Córdoba.
Y comienza en una sociedad colonial, bajo la influencia de la Iglesia y de la Compañía de Jesús, con unas aulas pequeñas en las que se enseñaban filosofía y teología.
La universidad que conocemos hoy es el resultado de cuatro siglos de transformaciones.
La pregunta que queda abierta
La historia de Córdoba nos deja planteada la siguiente pregunta:
Si Córdoba tenía una universidad desde el siglo XVII, ¿por qué Buenos Aires tuvo que esperar hasta 1821 para tener la suya?
La respuesta nos lleva directamente al próximo capítulo de esta serie: la educación en Buenos Aires durante el período colonial, las instituciones que existían antes de la UBA y el largo proceso que terminó con su creación.


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