Simetrìas de Lorca y Mariana Pineda

mariana lorca

 

Resonancias y destellos de una gran mujer del siglo XIX ejercieron un efecto poderoso en Federico,  con su mezcla de pudibundos rasgos  y doctrinas liberales de emancipación femenina, nada desconocidas para el  filòsofo y poeta, las mismas que la dama un siglo antes invocò.

Hasta nuestra edad contemporánea en que se han visto cumplidas las fantasías de equidad de género,  siguen oyéndose las charlas y viajes de un  Lorca  inmerso en su camino de maduración artìstica,  al lado de otros literatos, proyectos fallidos que ahora resultan  exitosos con el sello de su trágico desenlace.

Las mieles de la gloria, sus obras de teatro y poesía, atrapan la atención de cualquiera,  pero en este momento no puedo màs que contemplar  còmo el poeta disfrutò de las mismas pasiones que terminaron por secar en vida a su dama enjuiciada.

Paralelo ficcional del personaje con la Mariana de la vida real contiene aderezos esquizofrénicos de Garcìa y me he dado a la tarea de husmear en esos escondrijos,  y para ello propongo   inclinarnos  por transfigurar su personaje teatral  con ese  propio semblante  que lo llevaron al paredón, no criticando las pocas alusiones implícitas  de su muy probable homosexualidad, aquellas que refirieron la vox populi  o los  testimonios verbales    revelados por una policía política franquista  a la prensa en 1965.

Es todo el oficio del ser humano ver la paja en el ojo ajeno,   síndrome predominante en el  régimen del generalìsimo: un estado de alerta similar a los  tiempos de insurgencia liberal que combatiò Fernando VII.

Mariana Pineda, cayò en las garras examinadoras de todo aquello que generara sospechas, fuera que se tratara de un servicio eminente por las causas masónicas, rojas, anarquistas o simplemente anatemas a la moral católica.

En ningún momento se supeditò a los absolutistas. Y es toda la obra teatral dar vueltas y màs vueltas a  las consignas de Espinoza por descubrir la verdad que al final encuentra la causa oculta  en una insignia de libertad y legalidad de la Constitucion de Cadiz, retazo de tela sembrado en su casa, desata la movilidad de la obra a estadios màs peligrosos para Pineda y en ello devela la manìa de Garcìa Lorca por enseñorearse de la excitaciòn de una viuda pretendida por su propio acusador.

Amorìo inconciliable como el del joven poeta con sus verdugos, no le importò ser puesto en la lista negra, en lugar de buscar el exilio prefirió permanecer en Granada, se da por no entendido de hasta donde pretenden llegar los falangistas en su carrera por restablecer un régimen de orden perdido y  al insitir en encararlos le es fiel  a su papel de Mariana rumbo al cadalso.

La monja que cuidò en su arresto a la viuda,  apagò la lámpara, cruzò las cortinas para dejarla descansar, con un sueño eterno, apresurada  gestión de la muerte para cumplir con una predestinada transportaciòn al siglo màs pròximo para retornar en la figura de Lorca repitiendo una dosis de derrota ante las causas absolutistas.

¿Como son esos ultimos instantes en el cadalso? Es tan breve el momento en que nos separamos de la eternidad, Mariana pensò en sus hijos, penso en sus relicarios, escuchaba a su confesor que habìa estado poniendo atenciòn a sus pecados, pensò en que el verdugo fuera eficiente en su labor y no fuera a fallar algo en ese tornillo para no sufrir màs de lo normal.

En todo su proceso estuvo consciente de que su muerte la valorarìa toda España, que sus hijos estarìan toda la vida recordàndola, con canciones y otros poemas que se hicieron en su honor, al pie de la Virgen de las Angustias. Muchos años despues no se le dio tregua al cuerpo de Mariana en la cripta en que fue puesta, multitudes la siguieron, la visitaron y le cantaron, muchos de ellos por protestar contra el absolutismo, otros por un verdadero cariño que le tenìan por conocerla.

La heroina de la libertad, èsta mujer que muchos recuerdan muchos afirmaron obrò milagros, esta mujer hizo en Garcìa Lorca un conspirador, un republicano, un hombre que buscò morir igual, que viviò pensando en su recuerdo, tanto que deseò plasmarlo en una obra de teatro. Siempre hubo muchas Marianas Pinedas años despuès, una de ellas es Federico Garcìa Lorca.

Los dos nacen y mueren en Granada, amaron siendo granadinos, sus paisanos los nombran con todas sus letras: Mariana Pineda y Federico Garcìa Lorca. No prefiguran ninguna pereza al anunciar una y otra vez sus nombres completos, ambos odiados por el absolutismo. Garcìa Lorca vio su estatua que estaba frente a su ventana muchos años desde su niñez, los ojos misteriosos de ambos, de Mariana y Lorca, son igual de bellos y coquetos, la nieve, que se esconde detràs del cielo azul,  se manchò con la sangre de ambos. La plaza de la Libertad, en donde se levantò el patìbulo, el ayuntamiento mandò hacer una columna de marmol con una cruz en la parte màs alta. Por las mañanas acuden los que andan en faenas, por las tardes salen los novios o los niños a dar de comer a las palomas y todos sienten la presencia de estas dos figuras republicanas.

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s