La formación de eminencias

toga

Las ideas que tomas en tu juventud, en tus estudios iniciales, te marcan para toda la vida. Tus ideas te hacen crecer más allá de las intenciones que tengas en tus primeros pasos. Tus padres te arrojaron a  la comunidad de la vida, pero en realidad tu mismo te arrancaste de ellos y empezaste a vivir por tu cuenta. Tus padres sufren y gozan al verte construir tu embarcación, cuando te ven soltar las amarras sufren más,  cuando tu obra, suficiente ya, se va alejando y corres a favor o contra corriente. Todos somos llamados a llegar a ser una eminencia, pero no todos usamos la misma en el bien de los demás. Cada vez son más los que buscan su propio beneficio a costa de la ruina del resto.

Analizando la formación de muchos eminentes nos damos cuenta de cómo desde chicos fueron conducidos a la destrucción de sus vicios y los de su prójimo. Recorrer descriptivamente el territorio que cada uno de ellos acotaron, se ve difícil abarcar toda su obra pero por sus últimos actos podemos determinar su legado. A medida que vamos creciendo como profesionistas vamos tomando decisiones que dan cuenta de nuestra adhesión decisiva a las distintas formas de civilización, a determinada jerarquía de valores y a determinada forma de interpretar la vida y la muerte. La civilización que se descarga en diferentes vasijas, en diferentes ideologías, credos y tendencias no es civilización: es un deshielo de cumbres gregarias y hormonales, debilitamiento  de un pulmón en sus diferentes fases de  cáncer, diferentes ríos que erosionan  la tierra por ese deshielo.

La misión de la  formación de quien busque la eminencia es alejarse de toda influencia exótica o de moda, desoir a pedagógos y filósofos por correspondencia, escritos de  improvisados como los que escriben libros de autoayuda o superación profesional como César Lozano, es apegarse a todo el caudal de ciencia y cultura rescatando los olvidados tesoros de todas las civilizaciones del mundo.  Es volver a lo propio de cada etnia, de cada cultura, sus tradiciones derramando todos esos secretos de humanidades que de un tiempo a la fecha se han ido sepultando para dar paso a contenidos filtrados por gobiernos y editores a su servicio. ¿Cuántos universitarios en esta globalidad  conocen de los esfuerzos científicos de colegas en su localidad? ¿quienes están estudiando sobre la producción literaria y artística de su comunidad?.  No hacemos por investigar algo de todo ello  si no lo vemos en nuestro plan de estudios, los alumnos y sus maestros se concretan en investigar contenidos relativos a una curricula. No digo que los estudiantes y sus maestros ignoren cómo investigar, solo afirmo que van dejando de lado todo aquello que por política no es conveniente tratar, se trata aquello que los de arriba han decretado debes conocer, por ejemplo el calentamiento global o la explosión demográfica.

Tenemos una representación moral de los temas que debemos conocer, visión fragmentaria, y no tiene ningún valor porque mucho de lo que se nos da en nuestra formación inicial no fue acompañado de nuestra curiosidad, no logramos estudiar a fondo como lo hace un arqueólogo. Ninguno de nosotros nos pareció valer la pena sacrificar nuestra vista, nuestras pestañas leyendo a altas horas de la noche en el ara de fusionarnos con lo divino conociendo más allá de lo que nos encargaron nuestros maestros. Nos untamos los cabellos con gel para que no se notara que no nos habíamos bañado al siguiente día de nuestra jornada, jurándole al maestro que estuvimos hasta muy entrada la madrugada leyendo pero en realidad estuvimos viendo televisión o escuchando música con los antiguos aparatos de reproducción musical que pesaban casi lo mismo que nosotros.

Debiéramos dejar de exigir prácticas imposibles de lograr en la formación de nuestros alumnos, dejar de perturbarlos con esa charlatanería perniciosa de que nosotros hacemos lo mismo cuando no lo estamos haciendo. Los chicos que tenemos a nuestro cargo no llegarán a ser eminentes si no logramos que se enamoren de la actividad tecnológica, pero antes que eso, del crecimiento en la lectura, el alfabeto y un poco de jabón antes de llegar a la escuela. Caemos en una burda caricatura, un desconocimiento completo de la jerarquización de estudios que exige toda educación, de la suficiente flexibilidad para lograr la interiorización de los elementos que deben adquirir, con la intención de igualar hacia arriba, no hacia abajo.

Me es imprescindible poner de ejemplo que en muchos pueblos de nuestro país, la gente acostumbra bañarse antes de ir a la biblioteca, de ir a pasar un rato en la plaza, de jugar a los dardos en la feria. Una actitud parecida requerimos los docentes, adornar nuestra aula, preparar los libros y darles herramientas y elementos que eleven el carácter de nuestros alumnos, que logren dar la importancia que nosotros le damos a sus estudios. Es la consagración de lo cotidiano.

Las verdades que nos interesan, el amor por ejemplo, es toda una consagración. La música que nos gusta, que nos hace inclinarnos por ese amor es una representación de ese amor, aunque no es el amor per sé. El verdadero amor  está, mas que en la suerte de un encuentro, en el cultivo, en la adaptación de los hábitos de los enamorados, en el seguirse buscando aunque pase el tiempo, disfrutar la actividad pero también el tiempo de espera para iniciar cualquier actividad, son calorías de alimento espiritual, un sabor que nadie  podrá encontrar en el amor a menos que se conmueva con cada paso que el enamorado persigue. Lo mismo pasa en el estudio y en la formación porque es un amor por el conseguir el más alto rango, la presea, la mención honorífica.

Se puede ser eminente en el campo y en la ciudad. Hoy en día, hay quienes señalan que las normales rurales son obstáculos, son nido de rebeliones, y lo son porque no hay quien promueva la eminencia en ellas. Lo son porque no hay a qué más aspirar mas que a la rebelión, ya que nadie los atiende, nadie los apoya, nadie hace eco de sus preocupaciones, ni los medios, ni entre ellos mismos. En algún tiempo, en la colonia, los campos de labranza fueron desdeñados, discriminados por una política que destinaba la mayor parte de los recursos a las zonas donde hay minería.

Hay lecturas griegas que hacen despertar a los niños del campo un gusto por la labranza, lo hay en diferentes culturas, en la judía, en la cultura anglosajona, en Francia. Puede haber hombres muy avezados en las artes de la labranza, como también los hay en las ciudades. El hombre ilustrado del campo puede llegar a ser, con toda la comodidad que da el vivir en los parajes rurales, un hombre erudito, un reformador, filósofos aldeanos, con todo el repertorio de sabiduría campirano, personas nada severas con el prójimo, antes bien, amigo de los amigos y consuelo del oprimido, nada exigente con la naturaleza humana de sus subordinados. Hombres de muchas habilidades manuales, cultivador de uvas, de cebollas, de sandías y también de seda. Un alma productiva que requiere la nación.

En vez de ello, en el campo encontramos seres humanos dedicados a buscar vivir del asistencialismo de gobiernos, o de delincuentes. Quien niegue que el campo no puede ser semillero de grandes hombres es un ciego y un sordo. Es producto de una formación elitista que niega todo acceso a la grandeza a quienes no pertenecen a su grupo. Es negar que el campo fue cuna de civilizaciones, no las ciudades, y es muy conveniente para quien domina las ciudades establecer un sistema de preceptos que dejen fuera de la ecuación a los que viven en el campo.

Se ha decretado que las evoluciones de la geografía rural llevan una velocidad lenta, tan lenta que escapa de la utilidad social. El hecho es que la intercomunicación humana es la que domina, la que nivela la geografía porque traemos en nuestros genes el encargo de pulir la bola de billar que es la tierra, aislando y puliendo aquellos puntos que a nuestra conveniencia decidimos tengan mayor brillantez. Es el occidente quien se interesó por el oriente, quien lo ha desenterrado de las ruinas en las que dormía. Y ahora resulta que los habitantes de países asiáticos para doctorarse en la filosofía y artes de los asiáticos acuden a Europa a conseguirlo.

No importando que estemos en la ciudad o el campo, el crisol de la herencia incalculable que lleva a la eminencia a las personas solo se consigue estando alerta, de aprovechar y guardar todos los descubrimientos y conquistas, pero sin tomar partido prematuramente. Ese ha sido el error de los hombres del campo que han buscado su emancipación, se quisieron liberar e hicieron caso a teólogos como Samuel Ruiz o a payasos como el Subcomandante Marcos. Ningún partido político, ningún activista puede clamar que tiene la patente del empuje a la modificación de las cosas, a quererlas diferentes de como las encontramos, a procurar corregirlas  conforme al colegiado de ideas, a pasarlas por el tamiz humano e incluso humanizarlas. Y estas organizaciones populares y de filiación política lo que hicieron fue postrar más a las etnias, queriendo sacudirlos los enterraron más, y queriéndolos contagiar con una nueva alegría los volcaron a la pereza y a las ociosidades de muchas de sus tradiciones retrógradas.

Los hicieron más esclavos de lo que ya eran y los únicos beneficiarios en lo económico fueron estas eminencias de filiación jesuita. Las visiones de su vencimiento los hicieron engreídos y ahora solo aspiran a sacudirse de estas larvas. Vendieron a los medios de comunicación ser sus amigos pero no puede haber amistad donde no hay fuerza, donde no hay salud ni esperanza.

Si todo fuera cierto, estaríamos obligados a abrazar todo tipo de conocimientos sin poner en duda nada. Muchas mentiras están elaboradas con precisión sintáctica. Si aprendemos a validar por el peso  específico e histórico a los productores de conocimiento, de legislaciones y de políticas públicas nos será más fácil dictaminar el curso que llevarán sus propuestas. Analizando la formación, por ejemplo de Gilberto Guevara Niebla o de Sylvia Schmelkes podemos determinar fácilmente que su trayectoria está llena de mentiras y de apegos a los intereses empresariales. Ni que decir de la mayoría de los diputados y senadores que rigen actualmente, o han estado en legislaturas pasadas. ¿ Qué pudimos esperar de una Silvia Pinal como legisladora, o del Rey del Tomate? Muchos de ellos, si no es que todos, tuvieron siempre mesas bien servidas, puestos anteriores en donde no hicieron nada por sus representados, y aún así los encumbramos con nuestro voto.¿ Qué sentido tiene dar de comer a quien está harto de tanta comida?

La vida del hombre, cuando no es una continua referencia natural hacia su tierra, a su gente, es una vida de ociosidad porque no se impone la necesidad  de todos a la razón, se impone la ganancia egoísta. Los que día a día conviven con su tierra, que trabajan en ella saben de la pena que rinde cada hora el sol, de la fatiga diaria. Atar las manos del campesino a una posición de eterna sumisión ha sido la forma en que muchos consiguen su eminencia, pero la eminencia del más pequeño de los ciudadanos encumbraría más a las superioridades, como lo hizo en tiempos del tata Lázaro.

La vida universitaria es solo  un capitulo de la vida intelectual, muchos terminan y sienten que ya lo saben todo, o que hay un mundo que se postrará a sus pies. Nada es más falso que eso. La vida intelectual debe ser uno de tantos capítulos en la vida humana, puesto que lo característico del hombre entre todas las demás cosas y criaturas es eso: participar de la inteligencial. Se equivocan quienes piensan que la vida es para hacer desfiguros, bailables ridículos o prestar oídos a vulgaridades o bromas. Preguntémosle a cualquiera de los filósofos y nos responderán que entre  las piedras, las aves, las flores, las estrellas, el hombre es el náufrago caído en el oceáno de la inteligencia, somos esclavos de la misma, somos como Segismundo, quien al haber nacido sin culpa fue preso de su propio padre, ese padre es la inteligencia.

Las interrogantes que Segismundo se hace, en cada civilización se encargan de darle una respuesta distinta. Esa chispa intelectual que la conciencia le dio al hombre, la misma conciencia se declara incompetente si se trata de saciar esa chispa. Somos los únicos animales que nos preguntamos que estamos haciendo de huéspedes en esta naturaleza, y viven más intensamente aquellos hombres que dedican su vida cuando más se aplican a discernir  su existencia y conciencia en ausencia de estos raciocinios de todas las demás criaturas y cosas.

El orden que sigue el que persigue la eminencia es el orden de unificar las cosas. Es recibir un rompecabezas y dedicar su vida a armarlo. Ninguna otra criatura o cosa lo hará, ¡qué gran privilegio¡.

La unificación  no significa la renuncia a los sabores individuales de las cosas, a lo inesperado, y aun a la parte de  aventura que la vida ha de ofrecer para ser vida. Armar ese rompecabezas es hacerlo para circular mejor entre todo lo que hemos de unir. Solo significa una circulación mejor  de la vida dentro de la vida. Unificar no es estancar: es facilitar el movimiento, no es achatar las cosas haciéndoles perder su expresión propia, sino establecer entre todas ellas un sistema regular de conexiones. Una vida es tanto más vida  cuanto mayor es la relación entre las diferentes partes del ser. Sin embargo, a los humanos nos afecta más que a los animales algún mal gesto que se nos haga, una grosería, precisamente porque no hemos logrado unir nuestros puntos valiosos y dejamos que prevalezca sobre nosotros aquel que tiene una voluntad más pesada que la nuestra.

La unificación se da como cuando dominamos el tiempo dejando plasmada la realidad en una fotografía o filme, cuando nos montamos en un avión o en un cohete espacial. El día que logremos subirnos a un relámpago y dominarlo, sin daño ni afectación física,  habremos podido conectarnos con las fuerzas del universo. La unificación supone el frenesí de la vida, no el estancamiento y la degradación de la persona. Quien se niega a pensar se niega a moverse, quiere ser agua apestosa estancada.

La tierra no unificada, en que hoy vive una humanidad partida en discordias, es un organismo con la circulación entorpecida: la sangre no llega a todas partes y, por sólo ese hecho,  se producen asfixias e intoxicaciones. El movimiento protestante europeo llenó de mucha felicidad a varias generaciones, y produjo incontables científicos y eminencias que todavía siguen dando cuenta de la gran felicidad alcanzada por todos al unirse en un mismo sentir. Aún sigue dando rodeos por todo el mundo y sigue sin poder bañar a todos los hombres y repartirle los mismos beneficios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s