Entrevista al Dr Juan Gabriel Lopez Ochoa Universidad Pedagogica Nacional 

Entrevista al Dr Juan Gabriel Lopez Ochoa Universidad Pedagogica Nacional .

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Estudios sobre narcisismo

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No hay cosa más desacreditada que pintar colores en un autorretrato.  ¿Cómo pintar la realidad más allá de tus propios ojos sin antes perderlos? … Alfonso Reyes

El primer momento en que expones tus ojos ante los demás se puede encontrar en ellos los músculos que más usas y tal vez no sea el cerebro el más usado. Se puede observar en tus ojos si alguien influye en ti, si eres feliz es  posible  detectar esas líneas jeroglíficas que redundan en el mapa de tu  estado de ánimo. Hoy en día, ya a pocos les interesa ir a museos a observar y admirar la estética de las obras de arte, comenzó por dejarles de gustar la materia de la obra para leer las notas al pie y descansar en la definición de un encargado del museo.

Luego pasamos a dejar por completo las obras para comenzar a ver fotos de nosotros mismos, de nuestros amigos y parientes, apoyándonos  los unos en la debilidad de otros, buscamos su guiño y toque a nuestras fotos porque carecemos de algo muy importante que es la dignidad y un autoconcepto. En una calle empedrada sorda vamos caminando con nuestras fotos y publicaciones de nuestros logros buscando farolillos que se enciendan a nuestro paso porque así de poco valor es nuestra vida que ocupamos que los demás conozcan lo que somos o hacemos.  Relatos de autocompasión  que enjugan nuestras  lágrimas, tal vez con una elocuencia no estudiada que reconforta  aflicciones.

Tú, que lees, eres uno de tantos, que de vez en cuando pierdes la urbanidad y provocas incidentes con tus amigos en las redes sociales, que huyes borrando tus publicaciones arrogantes o agresivas, los tratados de cortesía los olvidas momentáneamente pero exiges respeto de los demás si incurren en lo mismo. Tú que haces un drama de los descuidos de los demás cuando no te felicitaron en tu cumpleaños, o no te pusieron un like en alguna foto que esperabas más likes pero que  consideras pecata minuta tus desdenes.

Tú, que haces de tus amistades un refugio de complicidades y convences a otros de espiar los muros de tus enemigos o personas que consideras incómodas. Que pasas horas investigando en los registros de actividad: días, meses, años buscando alienar y replegar a tus deseos e intereses las representaciones mentales de tus amigos y enemigos, quienes, en su libertad, deciden hacer o deshacer con su actividad como el héroe hace hazañas sobrehumanas para dejar huella.

El narcisismo no es un crimen, es un defecto moral, y se practica inconsciente o conscientemente por principio o por apetencia. Sin embargo,  la relación que tienen las personas con su ser, con su yo, debiera de estudiarse en cuatro ejes: en el primer eje  esta la relación del sujeto con su cuerpo, con la forma en que se cuida a sí mismo, en la forma en que se da placer, de responder a sus necesidades e inclinaciones, incluso exigencias. En contraparte,  las personas tienen otro tipo de relación consigo mismos como lo es la forma en que sus acciones y pensamientos se ajustan a los órdenes morales establecidos. Contamos con mecanismos, aprendidos o innatos, para descifrar la verdad de nuestra esencia, de saber lo que somos y por último nuestra estructura personal muestra una peculiar forma de insertar los planes futuros en nuestras conductas presentes, de modo que aquello que esperamos en el devenir de nuestras acciones están indexadas a los patrones de conducta actuales.

Cuatro discursos, cuatro dialécticas permanentes del ser humano que entran en conflicto unas con otras, que buscan ascender en la jerarquía en ocasiones una de ellas, en ocasiones ponemos en la cima a la otra. Muchas veces son vanas nuestras esperanzas de establecer una coherencia en esta lucha fratricida que se da entre ellas, los pequeños logros que se obtienen en ocasiones son resultado de una manera de ser delimitada por valores y fuerzas externas, de la tensión que producen las carencias y precariedades o la vanagloria  de  nuestros éxitos. En resumen: Placer, uso, mesura y saber caracterizan la figura de la persona.

Se puede percibir qué tanto tiempo dedica una persona a sus placeres, a su aphrodisia, y el impacto que tiene estas mesuras o desmesuras en los otros ejes en los que se conduce es considerable. Es inconsistente nuestra conducta, cuando afirmamos que nuestro interés principal es el trabajo y mostramos una proclividad por ausentarnos de las labores, ya sea a través de permisos o incapacidades, en la forma en que nos ausentamos de nuestros estudios o que destinamos más tiempo para el cuidado de nuestra persona que por el cuidado de aquellas personas que están bajo nuestra responsabilidad, sean nuestros hijos o nuestros padres de edad avanzada.

Los excesos deben ser considerados vicios, con los cuales se pierden el dominio de sí, y se puede percibir que el individuo reduce su actividad, se va alejando de quienes están más inclinados por la obligación y la intensidad en la responsabilidad. El exceso es una variedad más de la pasividad de los individuos. Por el contrario, las personas que miden sus actos, que no están sometidas a sus pasiones tienen mayor facilidad para  controlar sus actos, establecen estrategias en función de sus necesidades ya que cuentan con un estatuto en el que, convencidos de que al dominarse a sí mismos,  podrán dominar a los demás. Mala orientación el que un individuo atempere sus deseos tan sólo para poder dominar a su prójimo pero muchas veces es requerida esta conducta por ejemplo por capitanes del ejército y personas que están en niveles jerárquicos que requieren someter a otros en la ley y el orden.

Cuesta trabajo entenderse con los que disfrutan de un exceso en la jactancia y en la risa. Para muchos, el yo nos parece algo sagrado y no algo cómico. Lo cual no quita que los hombres y las mujeres puedan descifrar su vida y la de los demás de la manera en que más les plazca, según las emociones dominantes de sus grupos de contactos, parientes o amistades que frecuenten, en forma virtual o presencial. Pocos saben entender y conducirse de la forma más apropiada según el nivel de seriedad que se requiere para cada momento. El objetivo que se persigue con una conducta adecuada es el permitir una  vida en común, la fé en la razón como norma única de conducta, razón que multiplica los rasgos que le dan verosimilitud a los actos, actos que desenmascaran a los conceptos y les dan forma para ser estudiados por quien desea estudiar la conducta humana.

Se escribe tanto de cada cosa, que a las personas ya les da mucha pereza leer sobre todo lo que se ha escrito, por eso mismo buscan  frenéticamente , la parodia, el meme, el autorretrato, la selfie, y se quedan con la imagen del huevo temiendo que se les agobie con  conocer por completo la granja de la avicultura.

La sola consideración del gran caudal de información hace sufrir a muchos escalofríos y desmayos, sobre todo cuando se trata de iniciar un curso o un posgrado. Es más fácil ocultar nuestra vista documentación y libros que nos obligan a leer,  que la extraña exposición de nuestras conductas en las redes sociales o en el chismorreo directo a los que nos rodean. No nos queda otro remedio que confesarnos públicamente porque nuestro narcisismo es gigantesco.

Aun todo aquello que nos genere una mala imagen ante los demás ha dejado de ser algo vergonzoso, es motivo de orgullo y de  un gusto por su exhibición que hasta nos mostramos vomitando en un inodoro después de una juerga sabatina. Contingencias que deseamos que otros las recorran con una obligación casi impetuosa apostándole a la idea de que al exponer la materia fecal de nuestras acciones le daremos organización a nuestra conducta mediante  el consuelo o crítica de los demás.

El narcisista que se exhibe en las redes sociales es lo más próximo a ser un creador que con sus propuestas recibe reacciones tácitas o expresas. De un lado hay una postura activa, del otro lado una postura que a todas luces es pasiva, pero en realidad no lo es tanto porque toda reacción también es una forma de actividad y por lo mismo se crea una colaboración entre posteadores y comentadores en las redes sociales. El contacto que se atreve a poner un comentario, reflexivamente o no,  pone mucho de su constructos en todo aquello que opina, pero también escribe todo aquello que se espera se escriba. En el laboratorio psicológico que está en la mente de cada persona podemos hallar comentarios detestables, divergentes, convergentes,  y todo aquello que pertenezca al arte de lo posible, y una de esas posibilidades es que la ciencia y la filosofía de esta generación radican principalmente en esta concurrencia: Está prohibida la razón y el pensamiento ordenado.

El coeficiente de conversión de las representaciones que hace el narcisista a sus lectores o comentaristas es casi nulo. Definido como una medida racional con la que el narcisista pudiera generar antipatía o simpatía en sus lectores por generar imágenes, fotos, escritos, quejas, llantos, exaltaciones a su imagen o desdén a la de otros, debiera producir un instantáneo repudio o  apoyo entre sus contactos pero vemos en la realidad que no sucede así. El apoyo que el lector refiere es totalmente falso y el repudio también lo es porque quien se atreve a poner un comentario negativo sin dar de baja al contacto está estableciendo un apoyo enmascarado de repudio.

Los hechos acontecidos que relatamos en nuestras publicaciones podrían referirse a hechos verídicos y deseamos compartir con los contactos, con el público en general aquella nota de actualidad que está siendo conocida por todos los medios de comunicación. En este tipo de publicaciones no nos importa el análisis o desglose de ideas que podría generar en quienes nos leen.

En un orden de ideas en las que se examina y valora las nomenclaturas que se generan con las propuestas de escritos y publicaciones que llegan a nosotros acostumbramos pasar por alto todo tipo de consideraciones psicológicas y filosóficas atinando solo en elegir el comentario que más le gustaría a nuestro contacto leer como respuesta o reacción.

Alimentamos el narcisismo de quien genera esta publicación y lo invitamos a que siga elevándose su ego nutriéndole con esta  positiva retroalimentación acostumbrada. Es un viaje de navegación por regiones de decisión favorable a quien deseamos favorecer y de indecisión marcada por quienes aún no consideramos ser nuestros incondicionales.

Nuestro estudio sobre el narcicismo no es más que un acompañamiento respetuoso a los vicios a los que nos hemos entregado en la exhibición de nuestras acciones y en la retroalimentación positiva al narcisista. Nos hemos entregado a la lectura fácil, a una lectura que no obliga a leer cabo a rabo con temor a interpretarla mal porque desde antes que vemos los actos, fotos y situaciones de nuestros amigos ya sabemos cuál será nuestra respuesta a ellos, que será,  en todo el uso de la palabra: de respaldo y protección. Quien, antipáticamente se conduce y se sabe odiado, también de antemano, es conocedor de las respuestas que se generarán y solo espera recibirlas para elevar ese mismo narcisismo.

Es otra forma de respaldo: No se genera ya ninguna inquietud al leer publicaciones desafortunadas, y con ello,  hemos causado que tampoco aquello que merece una pronta respuesta,  como lo sería convocar a una marcha en pro de una causa común o una alerta de rapto de un infante,  se produzca  por culpa de una  vacilante reacción de pereza.

Están de moda las confusiones verbales porque aquello que creemos que es bueno en realidad no lo es, porque no debiera ser que alguien al promover  una publicación en donde exhiba su flojera por regresar a trabajar en un lunes sea algo positivo o de estatura moral. Nuestro vocabulario está coagulándose con términos que buscan afear lo bello y magnificar lo sucio y lo prohibido con dura y profana irreverencia, dejándole al capricho y la vulgaridad los vocablos que hemos de usar. Torcemos lo que es correcto con nuestras pasiones dominantes y encontramos eco en los que nos siguen, que precisamente nos siguen por lo mismo, porque también se dejan llevar por esas mismas pasiones.

Queda entonces el lenguaje común y el lenguaje técnico supeditado a la emoción y no a la razón, queda por decisión colectiva como bueno todo aquello que es malo y ,  ha de ser así,  porque no encontraremos una respuesta que nos contradiga entre aquellos que nos siguen. El anonimato nos da el suficiente valor para comentar todo aquello en lo que no somos doctos y si se trata de elevar la mutua admiración con el narcisista que seguimos y que le damos nuestra aprobación habremos de dictaminar como acto legal cada una de sus ocurrencias.

La formación de eminencias

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Las ideas que tomas en tu juventud, en tus estudios iniciales, te marcan para toda la vida. Tus ideas te hacen crecer más allá de las intenciones que tengas en tus primeros pasos. Tus padres te arrojaron a  la comunidad de la vida, pero en realidad tu mismo te arrancaste de ellos y empezaste a vivir por tu cuenta. Tus padres sufren y gozan al verte construir tu embarcación, cuando te ven soltar las amarras sufren más,  cuando tu obra, suficiente ya, se va alejando y corres a favor o contra corriente. Todos somos llamados a llegar a ser una eminencia, pero no todos usamos la misma en el bien de los demás. Cada vez son más los que buscan su propio beneficio a costa de la ruina del resto.

Analizando la formación de muchos eminentes nos damos cuenta de cómo desde chicos fueron conducidos a la destrucción de sus vicios y los de su prójimo. Recorrer descriptivamente el territorio que cada uno de ellos acotaron, se ve difícil abarcar toda su obra pero por sus últimos actos podemos determinar su legado. A medida que vamos creciendo como profesionistas vamos tomando decisiones que dan cuenta de nuestra adhesión decisiva a las distintas formas de civilización, a determinada jerarquía de valores y a determinada forma de interpretar la vida y la muerte. La civilización que se descarga en diferentes vasijas, en diferentes ideologías, credos y tendencias no es civilización: es un deshielo de cumbres gregarias y hormonales, debilitamiento  de un pulmón en sus diferentes fases de  cáncer, diferentes ríos que erosionan  la tierra por ese deshielo.

La misión de la  formación de quien busque la eminencia es alejarse de toda influencia exótica o de moda, desoir a pedagógos y filósofos por correspondencia, escritos de  improvisados como los que escriben libros de autoayuda o superación profesional como César Lozano, es apegarse a todo el caudal de ciencia y cultura rescatando los olvidados tesoros de todas las civilizaciones del mundo.  Es volver a lo propio de cada etnia, de cada cultura, sus tradiciones derramando todos esos secretos de humanidades que de un tiempo a la fecha se han ido sepultando para dar paso a contenidos filtrados por gobiernos y editores a su servicio. ¿Cuántos universitarios en esta globalidad  conocen de los esfuerzos científicos de colegas en su localidad? ¿quienes están estudiando sobre la producción literaria y artística de su comunidad?.  No hacemos por investigar algo de todo ello  si no lo vemos en nuestro plan de estudios, los alumnos y sus maestros se concretan en investigar contenidos relativos a una curricula. No digo que los estudiantes y sus maestros ignoren cómo investigar, solo afirmo que van dejando de lado todo aquello que por política no es conveniente tratar, se trata aquello que los de arriba han decretado debes conocer, por ejemplo el calentamiento global o la explosión demográfica.

Tenemos una representación moral de los temas que debemos conocer, visión fragmentaria, y no tiene ningún valor porque mucho de lo que se nos da en nuestra formación inicial no fue acompañado de nuestra curiosidad, no logramos estudiar a fondo como lo hace un arqueólogo. Ninguno de nosotros nos pareció valer la pena sacrificar nuestra vista, nuestras pestañas leyendo a altas horas de la noche en el ara de fusionarnos con lo divino conociendo más allá de lo que nos encargaron nuestros maestros. Nos untamos los cabellos con gel para que no se notara que no nos habíamos bañado al siguiente día de nuestra jornada, jurándole al maestro que estuvimos hasta muy entrada la madrugada leyendo pero en realidad estuvimos viendo televisión o escuchando música con los antiguos aparatos de reproducción musical que pesaban casi lo mismo que nosotros.

Debiéramos dejar de exigir prácticas imposibles de lograr en la formación de nuestros alumnos, dejar de perturbarlos con esa charlatanería perniciosa de que nosotros hacemos lo mismo cuando no lo estamos haciendo. Los chicos que tenemos a nuestro cargo no llegarán a ser eminentes si no logramos que se enamoren de la actividad tecnológica, pero antes que eso, del crecimiento en la lectura, el alfabeto y un poco de jabón antes de llegar a la escuela. Caemos en una burda caricatura, un desconocimiento completo de la jerarquización de estudios que exige toda educación, de la suficiente flexibilidad para lograr la interiorización de los elementos que deben adquirir, con la intención de igualar hacia arriba, no hacia abajo.

Me es imprescindible poner de ejemplo que en muchos pueblos de nuestro país, la gente acostumbra bañarse antes de ir a la biblioteca, de ir a pasar un rato en la plaza, de jugar a los dardos en la feria. Una actitud parecida requerimos los docentes, adornar nuestra aula, preparar los libros y darles herramientas y elementos que eleven el carácter de nuestros alumnos, que logren dar la importancia que nosotros le damos a sus estudios. Es la consagración de lo cotidiano.

Las verdades que nos interesan, el amor por ejemplo, es toda una consagración. La música que nos gusta, que nos hace inclinarnos por ese amor es una representación de ese amor, aunque no es el amor per sé. El verdadero amor  está, mas que en la suerte de un encuentro, en el cultivo, en la adaptación de los hábitos de los enamorados, en el seguirse buscando aunque pase el tiempo, disfrutar la actividad pero también el tiempo de espera para iniciar cualquier actividad, son calorías de alimento espiritual, un sabor que nadie  podrá encontrar en el amor a menos que se conmueva con cada paso que el enamorado persigue. Lo mismo pasa en el estudio y en la formación porque es un amor por el conseguir el más alto rango, la presea, la mención honorífica.

Se puede ser eminente en el campo y en la ciudad. Hoy en día, hay quienes señalan que las normales rurales son obstáculos, son nido de rebeliones, y lo son porque no hay quien promueva la eminencia en ellas. Lo son porque no hay a qué más aspirar mas que a la rebelión, ya que nadie los atiende, nadie los apoya, nadie hace eco de sus preocupaciones, ni los medios, ni entre ellos mismos. En algún tiempo, en la colonia, los campos de labranza fueron desdeñados, discriminados por una política que destinaba la mayor parte de los recursos a las zonas donde hay minería.

Hay lecturas griegas que hacen despertar a los niños del campo un gusto por la labranza, lo hay en diferentes culturas, en la judía, en la cultura anglosajona, en Francia. Puede haber hombres muy avezados en las artes de la labranza, como también los hay en las ciudades. El hombre ilustrado del campo puede llegar a ser, con toda la comodidad que da el vivir en los parajes rurales, un hombre erudito, un reformador, filósofos aldeanos, con todo el repertorio de sabiduría campirano, personas nada severas con el prójimo, antes bien, amigo de los amigos y consuelo del oprimido, nada exigente con la naturaleza humana de sus subordinados. Hombres de muchas habilidades manuales, cultivador de uvas, de cebollas, de sandías y también de seda. Un alma productiva que requiere la nación.

En vez de ello, en el campo encontramos seres humanos dedicados a buscar vivir del asistencialismo de gobiernos, o de delincuentes. Quien niegue que el campo no puede ser semillero de grandes hombres es un ciego y un sordo. Es producto de una formación elitista que niega todo acceso a la grandeza a quienes no pertenecen a su grupo. Es negar que el campo fue cuna de civilizaciones, no las ciudades, y es muy conveniente para quien domina las ciudades establecer un sistema de preceptos que dejen fuera de la ecuación a los que viven en el campo.

Se ha decretado que las evoluciones de la geografía rural llevan una velocidad lenta, tan lenta que escapa de la utilidad social. El hecho es que la intercomunicación humana es la que domina, la que nivela la geografía porque traemos en nuestros genes el encargo de pulir la bola de billar que es la tierra, aislando y puliendo aquellos puntos que a nuestra conveniencia decidimos tengan mayor brillantez. Es el occidente quien se interesó por el oriente, quien lo ha desenterrado de las ruinas en las que dormía. Y ahora resulta que los habitantes de países asiáticos para doctorarse en la filosofía y artes de los asiáticos acuden a Europa a conseguirlo.

No importando que estemos en la ciudad o el campo, el crisol de la herencia incalculable que lleva a la eminencia a las personas solo se consigue estando alerta, de aprovechar y guardar todos los descubrimientos y conquistas, pero sin tomar partido prematuramente. Ese ha sido el error de los hombres del campo que han buscado su emancipación, se quisieron liberar e hicieron caso a teólogos como Samuel Ruiz o a payasos como el Subcomandante Marcos. Ningún partido político, ningún activista puede clamar que tiene la patente del empuje a la modificación de las cosas, a quererlas diferentes de como las encontramos, a procurar corregirlas  conforme al colegiado de ideas, a pasarlas por el tamiz humano e incluso humanizarlas. Y estas organizaciones populares y de filiación política lo que hicieron fue postrar más a las etnias, queriendo sacudirlos los enterraron más, y queriéndolos contagiar con una nueva alegría los volcaron a la pereza y a las ociosidades de muchas de sus tradiciones retrógradas.

Los hicieron más esclavos de lo que ya eran y los únicos beneficiarios en lo económico fueron estas eminencias de filiación jesuita. Las visiones de su vencimiento los hicieron engreídos y ahora solo aspiran a sacudirse de estas larvas. Vendieron a los medios de comunicación ser sus amigos pero no puede haber amistad donde no hay fuerza, donde no hay salud ni esperanza.

Si todo fuera cierto, estaríamos obligados a abrazar todo tipo de conocimientos sin poner en duda nada. Muchas mentiras están elaboradas con precisión sintáctica. Si aprendemos a validar por el peso  específico e histórico a los productores de conocimiento, de legislaciones y de políticas públicas nos será más fácil dictaminar el curso que llevarán sus propuestas. Analizando la formación, por ejemplo de Gilberto Guevara Niebla o de Sylvia Schmelkes podemos determinar fácilmente que su trayectoria está llena de mentiras y de apegos a los intereses empresariales. Ni que decir de la mayoría de los diputados y senadores que rigen actualmente, o han estado en legislaturas pasadas. ¿ Qué pudimos esperar de una Silvia Pinal como legisladora, o del Rey del Tomate? Muchos de ellos, si no es que todos, tuvieron siempre mesas bien servidas, puestos anteriores en donde no hicieron nada por sus representados, y aún así los encumbramos con nuestro voto.¿ Qué sentido tiene dar de comer a quien está harto de tanta comida?

La vida del hombre, cuando no es una continua referencia natural hacia su tierra, a su gente, es una vida de ociosidad porque no se impone la necesidad  de todos a la razón, se impone la ganancia egoísta. Los que día a día conviven con su tierra, que trabajan en ella saben de la pena que rinde cada hora el sol, de la fatiga diaria. Atar las manos del campesino a una posición de eterna sumisión ha sido la forma en que muchos consiguen su eminencia, pero la eminencia del más pequeño de los ciudadanos encumbraría más a las superioridades, como lo hizo en tiempos del tata Lázaro.

La vida universitaria es solo  un capitulo de la vida intelectual, muchos terminan y sienten que ya lo saben todo, o que hay un mundo que se postrará a sus pies. Nada es más falso que eso. La vida intelectual debe ser uno de tantos capítulos en la vida humana, puesto que lo característico del hombre entre todas las demás cosas y criaturas es eso: participar de la inteligencial. Se equivocan quienes piensan que la vida es para hacer desfiguros, bailables ridículos o prestar oídos a vulgaridades o bromas. Preguntémosle a cualquiera de los filósofos y nos responderán que entre  las piedras, las aves, las flores, las estrellas, el hombre es el náufrago caído en el oceáno de la inteligencia, somos esclavos de la misma, somos como Segismundo, quien al haber nacido sin culpa fue preso de su propio padre, ese padre es la inteligencia.

Las interrogantes que Segismundo se hace, en cada civilización se encargan de darle una respuesta distinta. Esa chispa intelectual que la conciencia le dio al hombre, la misma conciencia se declara incompetente si se trata de saciar esa chispa. Somos los únicos animales que nos preguntamos que estamos haciendo de huéspedes en esta naturaleza, y viven más intensamente aquellos hombres que dedican su vida cuando más se aplican a discernir  su existencia y conciencia en ausencia de estos raciocinios de todas las demás criaturas y cosas.

El orden que sigue el que persigue la eminencia es el orden de unificar las cosas. Es recibir un rompecabezas y dedicar su vida a armarlo. Ninguna otra criatura o cosa lo hará, ¡qué gran privilegio¡.

La unificación  no significa la renuncia a los sabores individuales de las cosas, a lo inesperado, y aun a la parte de  aventura que la vida ha de ofrecer para ser vida. Armar ese rompecabezas es hacerlo para circular mejor entre todo lo que hemos de unir. Solo significa una circulación mejor  de la vida dentro de la vida. Unificar no es estancar: es facilitar el movimiento, no es achatar las cosas haciéndoles perder su expresión propia, sino establecer entre todas ellas un sistema regular de conexiones. Una vida es tanto más vida  cuanto mayor es la relación entre las diferentes partes del ser. Sin embargo, a los humanos nos afecta más que a los animales algún mal gesto que se nos haga, una grosería, precisamente porque no hemos logrado unir nuestros puntos valiosos y dejamos que prevalezca sobre nosotros aquel que tiene una voluntad más pesada que la nuestra.

La unificación se da como cuando dominamos el tiempo dejando plasmada la realidad en una fotografía o filme, cuando nos montamos en un avión o en un cohete espacial. El día que logremos subirnos a un relámpago y dominarlo, sin daño ni afectación física,  habremos podido conectarnos con las fuerzas del universo. La unificación supone el frenesí de la vida, no el estancamiento y la degradación de la persona. Quien se niega a pensar se niega a moverse, quiere ser agua apestosa estancada.

La tierra no unificada, en que hoy vive una humanidad partida en discordias, es un organismo con la circulación entorpecida: la sangre no llega a todas partes y, por sólo ese hecho,  se producen asfixias e intoxicaciones. El movimiento protestante europeo llenó de mucha felicidad a varias generaciones, y produjo incontables científicos y eminencias que todavía siguen dando cuenta de la gran felicidad alcanzada por todos al unirse en un mismo sentir. Aún sigue dando rodeos por todo el mundo y sigue sin poder bañar a todos los hombres y repartirle los mismos beneficios.