Entrevista al Dr Juan Gabriel Lopez Ochoa Universidad Pedagogica Nacional 

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Hilos y engranes

Sepulveda-engranes

Muchas veces, después de un error, te habrás preguntado por las razones para haber actuado de cierta manera. Esa incausación de determinada contingencia, en donde no te abstuviste de tomar uno u otro camino, donde piensas fuiste libre para decidir esta regida por una potencia propia para definir un curso de actos y por una omnisciencia de un ser universal que todo lo sabe aun antes de que tú decidas algo. Nuestras acciones no debilitan la potencia de los hilos conductores del universo y tampoco hacen aumentar o disminuir el tamaño de los engranes que formamos. Que así como Dios no se abstiene de actuar en cualquier sentido tampoco dejan de existir razones morales que respaldan tales acciones. Lo mismo sucede con nuestros actos, lo que actuamos se originan en la escasa o mucha benevolencia, escasa o excesivas razones morales porque forzosamente tenemos la capacidad de hacer algo, pero no de determinar el curso de las acciones tomadas. A veces, pudiendo hacer algo malo no lo hacemos y pudiendo no hacer algo bueno, también. Sin embargo Dios no podría hacer el mal ni abstenerse de hacer lo bueno.

Dios no creó un universo en el que siempre todos los seres eligen el bien libremente. Dios creó un universo en el que los hombres siempre elijan el bien, pero no un universo en el que lo elijan libremente. Si lo hicieran libremente entonces Dios no sería omnisciente ni sabría toda la historia desde el principio. Los hilos que conducen todas las acciones del universo no son indiferentes a nada, lo que ha de pasar pasa y lo que no pues no. Para que algo deje de suceder, los hilos conductores necesitan abstenerse de que tal o cual cosa suceda. En lo personal, el que escribe este artículo ha sido llevado de un lado a otro movido por las circunstancias no por una volición interna. Para evitar ser infraccionado no te estacionas en un lugar prohibido y para evitar una enfermedad contagiosa evitas el agente externo que te la causa. Aun así pasan contingencias por que creemos estar en el lugar y hora equivocado, pero no hay tal equivocación. Si los hilos y engranes hubieran querido que tú pasarás por determinada acción habrían provocado una incausación. Si Dios respetara tu libre albedrío, como dicen muchos, tendría muchas veces que abstenerse de querer que sucedan  o no sucedan acciones,  como cortar con los hilos y detener engranes para permitir y respetar el paso de un automovlista que de último momento decidió salirse de una autopista dejando en manos de sus criaturas libres la elección del bien o del mal y en esa decisión de abstinencia Dios también estaría mostrando un libre albedrío para permitir en ocasiones ciertas situaciones y en otras las prohiba, todo con el objetivo de respetar ese libre albedrío que le da a los objetos, cosas, fuerzas, energías, criaturas, polvo cósmico, o estrellas.

En esta ficción de unos hilos que se niegan a actuar para que los objetos actúen libremente se elimina de tajo la providencia. Esos hilos no habrían movido el corazón de la hija del faraón para tomar en su regazo a la criatura que se encontró en el río Nilo, para adoptarlo y darle nutrición. Habría dicho: Veo un canasto con un bebé, ¡y yo para qué quiero un bebé?

De esta forma, quien piense que le ha acontecido una contingencia sin habérselo buscado es posible que este en la razón. Quien piense que no tuvo culpa en  alguna comisión de delito, como el haber disparado accidentalmente a tu hermano en un jueves santo, por más accidental que hubiese sucedido la acción sepa que hubo un hilo que lo llevó a esta contingencia.

Es una especie de ateísmo el librealbedrismo, pero también la ejercen aquellos que, aun reconociendo la presencia de los hilos y engranes del universo consideren  posible que en ocasiones el hombre ejerce el librealbedrismo y en ocasiones se manifiesta la providencia.

El asunto de la culpa del ser humano no se observa como símbolo o etiqueta en ningún acto de la humanidad, la culpa es moral y la moral la creó el que creó todas las cosas. Los seres humanos tenemos diferentes grados de moralidad y esa medida solo la dan esos mismos hilos conductores, pero no lo sabremos hasta en tanto no hayamos sido juzgados.

Surge entonces una inquietud aun mayor: Si Dios crea otro universo después de éste, habrá o no moral, la misma moral, o una moral diferente? Si en el siguiente universo ninguna lágrima rodará por la mejilla de ninguna criatura y todo será felicidad, las criaturas serán todas capaces y eficaces en hacer solo lo bueno o seguirán los mismos hilos conductores de los actos de este universo, en el cual a veces pasan  cosas que  aparentemente no van de acuerdo con la providencia?

Un universo en donde Caín no asesina a Abel y donde la sabiduría de los egipcios es la misma que la de los israelitas. Un universo nuevo, no sería nuevo, porque Dios dice que no hay nada nuevo bajo el sol, sería un universo actualizado. Muchas veces recibimos actualizaciones en nuestros equipos informáticos o gadgets y vemos que las acciones de nuestros dispositivos trabajan de una mejor manera, con mas funciones y beneficios para quien los usa, es esa la clase de universo que estamos esperando al final de la existencia, una actualización, no puede haber una creación o recreación de lo mismo que vivimos, de las mismas leyes para que los hilos conduzcan a los objetos y criaturas. El libro del levítico habla de que en ocasiones puede ser que una criatura esté muy tranquila y por accidente le caiga un hachazo en la cabeza debido al descuido de otro individuo, el cual debe ser desterrado si se comprueba que fue un accidente. Como se actualizaría tal disposición o mandato? Surge aquí la hipótesis de la depravación transmundanal o transuniversal.  Dios no podría crear otro universo en donde no puedan ocurrir accidentes, y si puede hacerlo porque es omnipotente que es lo que espera para trasladar todas las cosas a ese nuevo universo?

De aqui surge la incógnita de cómo las matemáticas no permiten la idea del libre albedrío. Leibniz no se equivoca cuando por el uso de las matemáticas excluye la idea del libre albedrío. Las matemáticas no pueden ser recreadas o creadas con otros algoritmos o postulados, las matemáticas tienen que ser la misma en este y en cualquier universo por lo tanto los males que aquí pasan es muy probable que puedan acontecer en un siguiente universo pero no así la misma providencia o el mismo actuar de los hilos y engranes. Estas protásis o suposiciones pueden parecer banalidades y aun Dios mismo venir a refrenarme de escribir todo un ensayo totalmente ingenuo y desgraciado, carente de eficacia y carente de racionalidad divina. Lo que no es una banalidad es el interés propio de este autor por crear una conciencia que se aleje de la arbitrariedad de las acciones. Muchos de nosotros buscamos hacer cosas o detener iniciativas de otros cuando en realidad no podemos saber si lo que estamos haciendo es detener hilos y engranes universales que en un momento dado podrían afectarnos en nuestra salud o movernos de lugar o incausar un accidente para que dejemos de ser piedra de tropiezo u obstáculo para alguien que va a hacer algo eficaz e importante.
Nuestras acciones deben ser inspiradas por los principios de similaridad y proximidad con las acciones de los hilos conductores, no actuar en contra de esos principios. Esos principios de similaridad y proximidad son los que dan y dieron forma a todas las acciones moralmente buenas que han existido desde la creación del universo. De nueva cuenta, nada hay nuevo bajo el sol y nada hay que vaya pasar que no esté determinado que acontecerá. Es mejor estar próximo a esas leyes, como el matemático se apega a sus formularios, teoremas y axiomas. Las matemáticas las detesté en mis primeros años de formación en mi infancia. Un día, en segundo curso de secundaria me senté a estudiar álgebra y no pude mas que llorar porque no entendía nada. Le pregunté a mi padre quien después de una hora de observar los problemas se excusó y me dijo que tendría que repasar todo para después explicarme. Fue entonces que miré por horas los problemas y las formulas y los postulados y poco a poco fui dándome cuenta que habían relaciones  ocultas en cada ley matemática y que solo era cuestión de concentrarse y pedir sabiduría para poder ir descubriendo la posible solución a cada dificultad. Desde ese día, no he dejado de resolver dificultades, tanto en la escuela como en la vida personal y ninguna solución ha nacido en mi intelecto, solo en la inspiración de la similaridad y proximidad.

La conclusión de muchos filósofos es de que este universo no es el idóneo, no era lo que Dios quería pero solo Dios ha hecho lo que ha sido de este. Entonces por qué hizo algo así. Eso es un misterio. Y un misterio más grande es el cómo va a hacer un universo mejor si muchas de las leyes que rigen este universo parecieran a nuestro intelecto inalterables. La omnipotencia de Dios debe entenderse como el poder de hacer cualquier cosa, pero tal cosa no puede tener a su vez un bien moral del que lo crea  y un bien moral inherente en lo creado. Esto desemboca en una reflexión largamente hecha durante siglos de cuántos universos posibles pudo haber creado Dios, los cuales vendrían a ser “entes no actualizados”, carentes de realidad hasta que el mismo Dios les dé una substancia y forma propia, que vienen a ser como ideas alternativas a la idea de este mundo real. Siendo que Dios es infinitamente bueno y omnisciente la idea de una depravación transmundanal o transuniversal es imposible, pero posible en el punto en que Dios siempre será bueno y lo creado no necesariamente bueno. Sea Dios siempre verdadero y el hombre mentiroso dice la escritura, lo que no queda claro es si se refiere este texto al hombre de este universo, o al hombre de cualquier universo posible.

Si el hombre llegará a ser infinitamente bueno como Dios en qué lugar dejaría al creador de todo? Cómo es entonces que en el siguiente universo ninguna lágrima será derramada, todo será felicidad, tendríamos que ser todos como dioses, similares al Dios que creó todo. Dios es infinitamente bueno pero en un universo en el que solo Dios es perfecto y todas las demás criaturas son imperfectas surgen conflictos como el de que Dios esté permitiendo que toda una familia o ciudad sean masacrados por fundamentalistas como los de Isis. Pudiera ser que Dios permanezca siendo el único omnibenevolente, de no permitir que ninguna criatura lo acompañe fuera de El mismo, o sea que nadie tenga existencia excepto que esté dentro de su Ser de su Mente, porque para que Dios sea el único omnibenevolente es requerido que ninguna otra criatura lo sea. O algo sucede absolutamente o absolutamente no sucede. De aquí surge la idea de que es posible que en los  universos alternativos también lleguen a ser igual de depravadas las criaturas y Dios permanezca siendo omnisciente, omnipotente y omnibenevolente.

Las nano partículas, anti partículas nos dan una prueba de lo que pueden ser los universos alternativos. Una antíparticula no existe sin la partícula, para que exista p necesariamente debe existir un no-p, y para que exista q debe existir un no-q. La divergencia no es una discrepancia semántica, es la existencia del no absoluto fuera de los hilos de Dios, de la voluntad de Dios, de la esencia de Dios mismo. Todo aquello que esta fuera de Dios  puede ser de muchas maneras, solo Dios permanece siendo siempre El mismo. De un desacuerdo verbal surge la moralidad e inmoralidad porque quien dijo que no debía ser tocado un fruto es quien le ha dado el carácter de sucio o de malo aquello que fue predeterminado como tal (el fruto prohibido). Por qué entonces culpa Dios al hombre por haber seguido un curso de acción si sabía que El mismo es el único perfecto y sapiente.

Cual fue la primer mal acción, la primer actividad que sucedió fuera de la normalidad y moralidad de aquel que creó el universo? No lo sabemos, algunos dicen que la rebeldía de ciertos entes conocidos ahora como demonios. La presencia del mal, y de un agente bondadoso e infinitamente sapiente que toleró esa presencia maligna muchas veces no tiene lógica ni coherencia. La única razón moralmente suficiente para que el creador no evitará la creación de seres malignos, o la conversión de seres del bien en agentes del mal es porque era lógicamente imposible evitarlo.

Entonces cómo advertir coherencia de su omnipotencia al no haberle sido posible evitar que aparecieran los agentes del mal, a menos que hubiera sido necesario permitir su existencia para brillar como único agente del bien, de poder y de sabiduría. Tiene Dios, un ser omnipotente, omnisapiente, omnisciente, razones moralmente válidas para haber permitido la aparición del mal? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no es infinitamente cierto que Dios evita el mal, pero sí que es infinitamente bueno para evitar que los agentes del mal actúen.

Como Dios es omnisciente sus razones de no obrar no están en que no sabe como obrar de otro modo, debe ser que no puede obrar de otro modo, y es entonces cuando alguien puede cuestionar su omnipotencia. Estimado lector, te exhortaría a que dejaras de leer este documento si sientes en tu interior algo extraño al razonar todas estas cosas, como metafísico me he detenido de razonarlo muchas veces porque siento que me acerco a una fuerza muy poderosa que me impide seguir razonando estas cuestiones, por medio de mareos, vacíos en mi noosfera personal.

Cual fue el propósito de crear un universo lleno de males pudiendo haber hecho uno sin ellos, dada la omnipotencia del creador? Que no era metafisicamente mas sabio y de un Dios omnibenevolente haber creado un universo solo con la certeza de que en el se hubiese prohibido tajantemente  el mal? Como no tenemos fundamentos suficientes para zanjar si la toma de la decisión de crear un universo con la presencia del mal tuvo suficientes argumentos para no poner en duda su omnibenevolencia, lo que si se percibe  es que hubo una sola razón objetiva para haber considerado preferible crearlo con la presencia de el mal, la cual es que por su soberanía de decidir hacerlo nadie lo pudo obligar  de  abstenerse de crearlo en esas condiciones. Tal como cuando un artista decide hacer una pintura, y en el camino pueden acontecer muchas cosas, que alguien accidentalmente rompa el lienzo, que las pinturas se descompongan por el sol, que el marco se descuadre por un golpe en un muro, el artista continua con su deseo de pintar sin que nadie se lo pueda impedir.

Dios tuvo buenas razones para crear, de modo que, de no haber creado nada, cómo se podría decretar que es infinitamente bueno, omnipotente y omnisapiente. Si Dios es infinitamente bueno de un modo necesario y no contingente, es entonces que puede determinarse que sus buenas razones que tuvo para crear algo, no fueron las suficientes para evitar que creara ese objeto (universo), aun a pesar de la posibilidad de la existencia del mal. Es lógicamente imposible que un Dios omnisapiente e infinitamente competente no hubiera tomado la decisión de crear  un universo con los rasgos que actualmente tiene.

Es y era metafisicamente imposible que el universo creado tuviera males, lo que no logra comprenderse es por qué un Dios infinitamente benevolente pudo y puede permitir que existan tantos males y tan graves y depravados. Esta cuña contingentista, puramente antileibniziana del mal, de ese agente del mal que se separa del algoritmo matemático, que rompe el equilibrio y que aparece como antipartícula, en forma no optimista categorizada como la parte negativa de la partícula, la parte que no conocemos de un acto bondadoso de un hombre, la otra cara de la moneda como la vox populi llama a esa desventaja que toda opción debe ser estudiada, después de estudiar la ventaja, la paja en el ojo, la oveja negra de la familia, la antitesis,en resumen,  ese mal que podríamos dictaminar como un mal necesario, no es atribuible al creador de los hilos y los engranes. Si el origen del mal estuviera en Dios, entonces Dios no sería infinitamente bueno, y quien puede pensar que Dios no es bueno?

Un paciente se somete a un tratamiento dental y el dentista le provoca un dolor durante la cirugía el cual, aun siendo éste soportable, no deja de ser dolor, y no deja de ser necesario para que el dentista le pueda devolver la salud a su boca del paciente. Infligirle dolor es visto por el paciente como algo malo y de hecho mientras esta siendo sometido observa la cara del doctor, en este rostro observa que frunce las cejas y no le importa que sienta el dolor que le provoca, cuando en realidad el doctor le ha suministrado la suficiente anestesia para que pueda soportar el tratamiento. La percepción de dolor aumenta a medida que el paciente recuerda que este doctor no es lo suficientemente bueno, no es graduado de una universidad de renombre y de recordar que en ocasiones pasadas, con otros pacientes ha sido advertido que el doctor en ciertos tratamientos puede y pudo haber causado el mismo nivel de dolor al que esta siendo sometido.

Ese mal necesario por medio del cual se llegará a algo bueno quizás sea la explicación a un Dios omnibenevolente que ha permitido el agente del mal para la conducción de todas las cosas hacia un bien perpetuo. La escritura tiene una promesa para los que aman a Dios que es que todas las cosas que les acontezcan producirán y conducirán a un bien que todos esperan. Porque aun los malos esperan cosas buenas, nunca esperan el castigo a sus acciones, que es lo justo que se les entregará a su debido tiempo.

En las matemáticas de Leibniz todos los puntos de una gráfica son necesarios, toda ecuación define con números reales e irreales el crecimiento o decrecimiento de una tabulación. No hay puntos que se escapen a una ecuación, por lo tanto en la creación del universo todo tipo de hecho bueno o malo es necesario, nada es contingencia, todo ha sido determinado desde un principio. Dios, al crear este universo, creó el único universo posible, aunque dentro de esa omnipotencia que lo caracteriza hay muchos universos objetivamente posibles de ser creados, muchos de los cuales podrían parecerse a éste o ser totalmente distintos. No es cierto que todo lo que a un ente le sucede le suceda necesariamente, tampoco es necesario que cualquier individuo que vivió, vive o vivirá en este universo esté confinado a vivir lo mismo en otros universos paralelos o universos objetivamente posibles de existir en un futuro. Lo percibimos en una persona cuando después de toda una vida de tener una mentalidad, al final de sus días llega a tener otra totalmente opuesta.

No todo lo que es individuante de un individuo le es realmente inherente. De niño, en mi primer y segundo grado de primaria fui totalmente rebelde, distraído, absolutamente indiferente en mis estudios, mis maestras determinaron que lo mío jamás sería el estudio. No estaba en mí ser lo que podía ser, solo seguía un patrón que dibujaban los hilos conductores del universo. Me era inherente que era varón, me era inherente la procedencia de mis progenitores, me era inherente su idiosincracia, lo que no me era inherente era que siempre fuera a estar de acuerdo con esas limitaciones y pocas capacidades. Uno puede estar ahogándose en la playa y luchar con todo el coraje posible por salir a la superficie y contrarrestar la fuerza de las olas para no perecer y no significa que todo en ti fuera valentía y coraje y tampoco que realmente estuviera tan condenado a perecer en ese instante. Fue una situación psicológicamente desgastante que aun recuerdo pero que me hizo ver que solo estás perdido cuando los hilos conductores del universo han decretado que te pierdas. En un primer momento podría decir alguien: Es que en tu libre albedrío que Dios te dio luchaste por sobrevivir. Mentira, por más que hubiera luchado si Dios no hubiese querido ahí hubiera perecido. Esas ganas de sobrevivir también se originaron en esos hilos conductores que mueven la volición.

Los individuos  que hemos coincidido con otros en un espacio de tiempo no depende de ninguno de nosotros. Uno piensa que uno eligió pareja pero en realidad los hilos conductores eligieron por ti. En un universo con mejores estandares de eficacia y calidad habrías tenido encuentros de mayor calidad, una mejor pareja, unos mejores padres, habría sucedido esto en un universo objetivamente posible en la mente del creador, pero también pudieron haber sido tus encuentros y desencuentros de una peor calidad que los que crees padecer actualmente. No podemos quejarnos de que este universo ha sido como ha sido, de que la historia ha seguido el curso que ha seguido. De la existencia de dictadores sanguinarios o de pestes, o de accidentes o de injusticias. Gracias a ese rumbo que ha tomado la historia de este universo han nacido  no otros hombres, algunos de ellos pudieron haber sido mejores que nosotros, en vez de eso nacieron nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres  y nosotros mismos. El rumbo que ha tomado este universo no ha sido mejor o peor que lo que nos imaginamos como lo ¨deseable¨, ha tomado el rumbo que objetivamente era posible que tomara, y que Dios determinó que así fuera.

Dios te pudo haber evitado vivir muchos males que has vivido, es cierto, pero también pudo haber creado a otros hombres y no a ti. Por lo mismo nos es indiferente cuando nos piden que tengamos otra actitud, que seamos diferente a lo que realmente somos. Es como si les pidiéramos a los individuos que no han nacido que sean de tal o cual forma, hacia donde te diriges para hablar con ellos si aun no existen? No hay tales individuos, lo que no quita que sean objetivamente posibles de existir o que ya estén en la mente del creador listos para su venida a esta vida real.

Tan solo los que realmente existimos podemos tener quebrantos, accidentes, infortunios, éxitos, conversiones y alteraciones si así está determinado en los hilos conductores que nos acontezca. Podemos tener la volición de hacer cambios a nuestra forma de ser pero no está en nosotros lograrlo.

El curso que haya tenido la historia ha sido beneficioso para nosotros, porque de no haberse dado esa trayectoria no habríamos existido. No habría nacido si mi padre no se hubiera mudado de su lugar de origen a otro en donde conoció a mi madre, y de haberse quedado habrían aparecido otros entes muy diferentes a mí. Seria lógicamente fuera de toda objetividad que pidiéramos al creador que cambie la trayectoria de lo que sucede tan solo para vivir algo mejor, para dejar de sufrir. Se dice fácil decirlo, sé de la desesperación que viven muchas personas desempleadas o que sufren por la desaparición de un ser querido. Nuestra vida, tal cual, vale la pena vivirla, los males no deben condicionar nuestra identidad metafísica. Debemos preferir vivir la vida tal como se nos ha planteado delante de nuestros ojos porque de no hacerlo no podremos vivir una vida alternativa fuera de nuestras capacidades, fuera de nuestros recursos, fuera de nuestras amistades y familiares. Ese  mejor hombre, o mujer, que creemos seríamos si existieran tales o cuales condiciones, u ocasiones, tales recursos o capacidades no serían de un  ente genuino, serían de uno imaginario, es uno quizás posible, esa mejor vida es tan extraña como un desconocido que va pasando por la calle. Dejemos de interesarnos en esas magnificas vidas que podríamos tener en forma alternativa para concentrarnos en la actual y real. Ese mejor marido que pudieras tener, esos BMW que podrías haber adquirido si hubieras nacido en la realeza.

A Dios no podemos reprocharle nada, el daño que nos han causado, los quebrantos. En la noción de un Dios omnibenevolente no cabe pensar que Dios haya querido que nuestro hijo cayera en un estado vegetativo cuando se le atoró un chicle en la traquea y terminó con daño cerebral por la falta de oxigenación. Estamos en este universo, con los acontecimientos que hemos vivido, no por casualidad, no por decreto, no por engaño, no por condenación, estamos en él porque no pudimos estar en otro. Habremos de estar en otro, pero ese otro aun no existe y no debe ocuparnos. Dios pudo haber evitado muchos males que padecemos pero no lo hizo, y con qué objetivo se lo reprochamos?

Debemos exculpar a Dios del curso que han tenido los hechos, y mucho más de la volición de entes como los humanos, los animales o los espíritus. De lo único que podemos estar seguros es de que pudimos no haber existido y nada de lo que estamos analizando habría tomado forma metafísica en nuestro razonamiento.

Coaching y acompañamiento intelectual

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Coaching y acompañamiento intelectual

(Filosofía de la Organización Profesional Docente)

He tenido el buen tino de tocar un tema abordado por muchos y favorecido por pocos, y aún menos han sido los que con su aprobación lo han adoptado, el coaching y acompañamiento, muy de moda entre los maestros en muchos sistemas educativos de otros países, poco conocido en el nuestro, habremos notado que esta acción llena de responsabilidad social apenas se conoce. Se aborda en exceso  los errores y  las fallas del estudiante, del maestro novato, del recién graduado en cualquier profesión, y como el empleado de mayor antigüedad, que también faltas comete, errores tiene, conocido por todos es que de esos errores sí  guardamos silencio,  dejamos la cuestión a medio discutir y la obra del más instruido y diestro la dejamos inconclusa en sus partes. Parecería  no nos atrevemos a decir la verdad más que de esos errores de quienes llamaremos “sujetos susceptibles de recibir acompañamiento”; acción que por principios de cuentas podría dar contentamiento a esos que se creen muy diestros y que no lo requieren. Cuando observamos sus errores los  adulamos  con nuestro silencio, cosa tan ajena a nuestro carácter, porque nada hay que le guste al ser humano que criticar la obra ajena. Por todas vías execrable la mentira calculada, la  adulación, la simulación por el amiguismo o cualquier otra forma de complicidad. Debiéramos procurar contribuir a que se perfeccionen todos por igual, sin embargo, por temor de provocar   ira en quienes creen tenerlo o saberlo todo, por evitar su desprecio , uno muy merecido por este atrevido entrometimiento habremos de dedicar nuestros esfuerzos en acompañar solo  a quienes lo requieran.

La hora  de reagruparnos entorno al conocimiento es la más apropiada, el peligro nunca lo hemos palpado precisamente por tener pies presurosos para la relajación y la diversión, las conciencias rectas

deben agruparse en pro del crecimiento generalizado de un gremio, las voluntades firmes  deben formar cuadros de honor para distinguir a quienes darán acompañamiento, y todo el que tiene alguna aportación, algún conocimiento o habilidad, pasar al frente, publicarlo, hacerlo a título personal y en colegiado, decirlo muy alto y con frente erguida, porque hemos llegado a tales extremos de  confusión y locura, que los que dirigen el sistema, ya sea el educativo, el financiero ven en la falta de conocimiento en las muchedumbres, su fuerza, a diario monitorean buscando símbolos  de debilidad,  de imagen pobre, de egoísmos y divisionismo en los colectivos de una profesión, como por ejemplo la docente,  y tienen la increíble pretensión, no sólo de dictar las leyes que nos opriman y nos aniquilen, sino también de que les rindamos respeto absoluto: ¡ por aprobar esas mismas leyes que presumen como peticiones de  vox populi¡. Por estas y otras muchas razones, creo, que el silencio no es prudencia, sino cobardía; que no es hora de poner mordazas al coaching cuando el error de los profesionistas  se pregona con tantas trompetas, y que si los jóvenes tienen errores por su inmadurez, esos errores dejan muy mal parados también a los más avanzados.  Es ilógico que privilegiemos el arte de destruir a los que no tienen nuestra experiencia, en lugar de ayudarlos a levantarse de sus errores, preferimos la polvora a la paz temiendo que el que está en los primeros escalones llegue hasta el piso en el que nos encontramos cómodos.

Solo los ricos, las personas acomodadas, no suelen meditar mucho sobre sus deberes ni consultar muy detenidamente su razón, sus conocimientos  su conciencia para cerciorarse de que están actuando correctamente; así que si no estamos en las clases acomodadas nos corresponde ayudarnos unos a otros en lugar de defenestrarnos porque el hacerlo representa una destrucción de nuestro carácter humanista. En el arte del mutualismo, los empleados diestros dependen de los novatos, y viceversa, el cumplimiento es exigido por igual, los méritos muchas veces distribuidos en forma inequitativa, error estadístico dirían algunos, el verdadero valor del error no está en la lógica ni en el raciocinio, está en la diferencia de las dificultades que enfrentan, las facilidades que tienen los empleados con alta experiencia no son facilidades difíciles de alcanzar para los de nuevo ingreso, son solo distinciones que han alcanzado con el peso de muchos años… y de muchos errores cometidos.

La responsabilidad moral de un error es inherente a cada miembro de una empresa, por lo mismo se requiere que se interesen los de mayor conocimiento en los novicios. No se puede enseñar la predisposición a ser honestos pero sí es posible dar exhortaciones  sobre las consecuencias de la falta de esta integridad. Muchas situaciones de carácter ético se presentan en la vida cotidiana de una empresa, de una institución, por lo cual se requiere de un permanente diálogo entre los miembros de una comunidad, y de asesoría con agentes externos para que la empresa pueda mantenerse íntegra.

¿Qué enseñará el que nada sabe, o qué consejos dará quien necesita de ellos? Todo aquel que está expuesto y cercano a cometer error no está en capacidad de corregir a otros, porque para llevar un coaching a quienes están faltos de medios, primero han de asegurarse de contar con recursos y prestigio para impartir. La mayor dicha de una persona es la que siente al compartir con otros todo aquello que le sobra, sin embargo no podemos dar tanto que provoquemos en los que reciben una actitud de pasividad y de falta de sustentabilidad. La virtud supone esforzarse, padecer combates, vencer dificultades, llegar a cubrir necesidades básicas, sin llegar a pedir prestado, todo lo que vivimos día a día lleva por fin alcanzar un estado de perfección en el cual la mayoría de nuestras acciones sean merecedoras de la admiración incondicional. Quien carece de lo más necesario incurre en el peligro de que su dignidad sea vulnerable por enlistarse con los que dan soluciones fáciles o utópicas. Se puede carecer de todo pero no de objetividad, si contraes deudas y cuentas con una buena instrucción y coaching puedes salir airosamente de ellas, no escucharás el mal consejo del hambre, de lo contrario extraviarás tu conciencia  y la ansiedad encenderá  pasiones.

El buen coach no recurre a fórmulas exteriores, a prácticas mecánicas o mantras publicadas en libros de autoayuda como los de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. El señor de los consejos hechos en una fábrica en serie, que repite anécdotas sacadas de un bar o de otros libros, palabras o experiencias cuyo sentido fácilmente se pierde o se olvida, la consejería como industria está repleta de preceptos que verbalmente se respetan, pero que en la praxis se quebrantan.

No lo puede dar un religioso ni un conferencista que va tras sus honorarios por cualquier charla, el buen consejo se arranca de lo más profundo del corazón y de lo elevado de la inteligencia, la cual tiene manifestaciones exteriores como señales de lo que en el interior existe, no para suplirla; palabras que se invocan no por convencionalismos, palabras que ayudan a aspirar a la perfección y elevar a la prosperidad.

Es requisito indispensable la preocupación de sentirse incompleto, inacabado para moverse a leer, a inscribirse en un curso, una asesoría o consejería. Quien no reflexiona en este aspecto en su trabajo, en su profesión, en su oficio, quien no acompaña su caminar y su conciencia con la vara de la medida del conocimiento, por más inteligente que sea muestra una decadencia en sus costumbres, el primer síntoma de esta falta es el dejar de escandalizarse ante la deshonestidad, propia o ajena, la desenfrenada afición al juego o a la diversión dejando para otro día la reflexión y la diligente adquisición de valores agregados.

La pérdida de interés por el crecimiento personal está haciendo más daño a las personas que la falta de oportunidades. Priva de recursos para realizar obras que son requeridas para la construcción de un patrimonio personal y nacional, mientras que pavimenta el camino para que otras voluntades enajenen la propia. Si el marido, el padre o el jefe se jacta de su ignorancia, la casa o la empresa entran en déficit por esa misma indiferencia ante un entorno cada vez más competitivo. Comencemos por aceptar que conocemos mucha gente a nuestro alrededor que percibe el crecimiento personal y económico como algo baladí.

Se observa en aquellos que no ven lo que pasa en su propia casa, se palpa su ceguedad no en el hecho de no encontrar en sus haberes artefactos nuevos o patrimonio de reciente adquisición, sino en el hecho de observar su estancia cómoda en una esfera económica en constante cambio y acecho de nuevas condiciones o paradigmas.

El crecimiento personal es muy importante porque impacta en lo social, es muy  grave y pestilente la humana sensación de pobreza de los individuos indiferentes porque la pobreza moral que trae se refleja en la violencia intrafamiliar, en el incremento en los delitos de todo tipo, es el intercambio de retos por fracasos,  de metas por gusto en el enanismo espiritual. Y nadie acierta a decir qué es lo que realmente sucede.

En todas las capas o estratos de la sociedad hay individuos indiferentes ante su propio crecimiento, tanto del que juega irresponsablemente en la bolsa de valores como el que juega su jubilación en los casinos. La enfermedad es esencialmente la misma, se le tiene por imprudente, por poco entendido, pero también al que gana al arriesgarlo todo, por muy diestro o afortunado que parezca carece de entendimiento, porque quien gana  al jugarse el todo por el todo, sin importarle sus descendientes no es mejor que el que pierde todo. En el juego de la bolsa la mayor parte de las veces se gana mirando las cartas del contrario o arruinando en forma intencional los derechos que adquieren los dueños de títulos de empresas de pobres resultados. Son artimañas que hacen del jugador un monstruo, mayormente si se trata de fondos públicos, vende o compra engañando a sabiendas que el comprador o vendedor con el que trata está a un paso de ir a la ruina.

En suma, sé que la posición social es algo inextinguible, un mal que separa a los hombres, pero se busca que el coaching sea la razón para saltar  tal distinción, y no el dinero o los recursos materiales, los medios de producción. No hace mucho tiempo que los pobres eran como rebaños o bestias de carga, sin voz, ni voto, ni derecho: no es posible que borren de pronto las señales del yugo, y pasen de la abyección a la dignidad, ni que los señores, en una, ni en dos, ni en cuatro generaciones, puedan limpiarse de la lepra de injusticia transmitida en triste herencia. Es preciso tener a raya las impaciencias

imprudentes, aunque sean generosas; no se camina de prisa hacia el bien; no hay progreso, si merece tal nombre, que no sea lento; la ley es dura, pero es ley. No aspiremos, pues, a que en un día ni en un año pobres y señores depongan sus mutuas prevenciones, y fraternicen; pero debe procurarse que, en la medida de lo posible, se aproximen suavemente por las vías del conocimiento que se traduce en justicia, en vez de chocar por los caminos de la iniquidad. Se decreta la igualdad ante la ley; buena es, o puede ser, según los casos, pero aun en el más favorable, vale poco en lucha con la desigualdad ante la opinión, que es un gravísimo obstáculo para la fraternidad. Las diferencias, cuando son, o se creen, esenciales, producen alejamiento. Los seres se unen, se armonizan, se aman, a medida que se asemejan, de tal modo, que identificarse, es decir, tener un modo de ser esencialmente idéntico, equivale a unirse, amarse, confundirse, por decirlo así, en un solo ser espiritual y afectivo.

La fortuna, que así se llama al dinero, da no sólo derecho a las comodidades, a los regalos, a los goces, sino también a los vicios caros y a los escándalos lujosos; al que paga mucho, la opinión le sirve haciendo cortesías y con el sombrero en la mano, encontrando un no se sabe qué de excelente, que la fascina, en todo aquel que hace brillar a sus ojos muchas monedas de oro: es horrible, pero es cierto; parece una ramera, cuyos favores son para el que puede comprarlos. Favorecidos por ella los derrochadores, viciosos o criminales, llevan muy alta la frente, con tal que puedan pagar mucho, encontrando muchas personas que los envidien, y pocas que los desprecien. Es un axioma sancionado por la conciencia pública, que el modo de gastar lo que se posee no tiene más regla que la voluntad de su dueño, que hará unas veces mejor, otras peor, pero que siempre está en su derecho.

El exceso en gastos es la causa de muchos males, pero es solo un reflejo de la ociosidad de un alma, que podría estar centrada en el crecimiento interno espiritual, en la reflexión y el conocimiento. Los lujos por todos es conocido que son capitales mal utilizados, no crean fuentes de trabajo, ni dan de comer a nadie, tuercen el carácter humanista de la actividad humana. Los capitales mal usados generan escándalos financieros y provocaciones de los que menos tienen, pero los cambios caprichosos de quienes los ostentan generan violencia entre los menos favorecidos. También el capital intelectual puede endurecer o hacer que se corrompa el corazón con tanto crecimiento, para ello debe procurarse un equilibrio en su adquisición. Toda economía ha dejado con las manos vacías a los desdichados, que ya no tienen lágrimas para derramar por su condición desigual, por su desventura.

Después de siglos de vivir entre la miseria, de contribuir a la producción de la riqueza que amasan unos cuantos, las masas irritadas insultan, se unen a las filas de los enemigos públicos y cuando son detenidos por la justicia atribuyen a un sinfín de causas de diverso origen la razón de su tragedia. Y su tragedia no es otra que no haber sido guiado, no haber recibido el suficiente consejo, un consejo que corrobore el raciocinio, no un “sermonismo moralista” ni un coaching utópico. Cuando te desmoralizas y te depravas huyen del alma los generosos sentimientos, se crea un oasis de mezquindades y se abren las puertas para una falsa abnegación. El hombre que pudiendo hacer un bien dando un consejo, una asesoría a otro,  no lo hace,  se une a las filas de mezquinos y egoístas.

Detrás de esos muros que construiste con tu éxito, de ese andamiaje que se instaló para pintar tu casa, hay huérfanos, que perdieron a su padre en esa construcción, que murió por aspirar el plomo o el asbesto al instalar el techo, esos hijos en un futuro han jurado no ejercer el oficio de la albañilería para no caer en la misma suerte, hijos de fogoneros y maquinistas que sufrieron la ausencia del padre y ahora esperan tener otros estudios y, después de recibir su mención honorífica,  debieran mantenerse en el camino del estudio o del coaching para despuntar más del pasado que los persigue.

La compasión debe ser una característica de un pueblo civilizado. Es totalmente desconocida en pueblos ancestrales bárbaros, de hordas salvajes, ahora es voluntaria en tiempos actuales mediante la instrucción de oficios, de misiones culturales como las que instituyó el ateneísta José Vasconcelos. En las sociedades y en los individuos la perfección moral solo se da en la concurrencia del crecimiento personal de la suma de todos y cada uno de los integrantes de esa sociedad. Es reconocer el deber de un mayor número de deberes, y un menor número de ociosidades y dispendios. No hay duda que la mayor obra de la justicia es elevar el entendimiento generalizado de la sociedad que produzca la eliminación  de las imperfecciones evitables en la máquina social, porque ya es mucho tener que lidiar con los errores inevitables de la población como lo es la falta de cortesía y cumplimiento de obligaciones, como para también tener que tolerar el devenir de una voluntad torcida, tal vez alfabetizada pero que en su desarrollo solo da muestras de disfuncionalidad, en la casa, en el trabajo, en las relaciones interpersonales, en el peculio, y. en una última instancia, en la producción de riqueza de la nación.

Si los que requieren coaching no se dan cuenta de esa necesidad, no es por falta de tiempo ni porque haya obstáculo ni imposibilidad material. La imposibilidad es moral, está en su voluntad, que no puede moverse hacia lo que no puede apetecer, ni apetecer lo que por completo desconoce. El mundo de la inteligencia es como si no fuese para el afanoso o el proletario rudo, no sabe que existe, y si por acaso le percibe entre lejanas brumas, ni puede desear llegar a él, ni en caso de que lo apetezca, puede parecerle posible la realización de este deseo. Comprendo la dificultad de inspirárselo, y de que, a pesar de los mayores esfuerzos, el que a los veinticinco años es completamente ignorante, no podrá ser a los cincuenta verdaderamente instruido, no por falta de tiempo, sino por no adquirir lo que podríamos llamar hábitos intelectuales, los cuales aparecen con el tiempo cuando le dedicamos tiempo a nuestro espíritu.

Esto no quiere decir que se deba desistir de buscar dar instrucción y coaching o acompañamiento a las clases más bajas o a los que están muy ocupados con cumplir con su jornal. Si el coach une las lecciones con ideas que puedan entusiasmar,  de recursos visuales, o formas innovadoras de interactuar, cosechará grandes frutos en aquellos que pareciera que jamás podrían interesarse en renovarse o darse una segunda oportunidad para aprender algo nuevo. Los adultos pueden ser dóciles como niños y suplir hasta cierto punto con la voluntad la falta de costumbre de ejercitar el entendimiento.

La igualdad absoluta es un absurdo, pero la desigualdad exagerada, otro. Que fuesen igualmente retribuidos el ingeniero que dirige un puente, el picapedrero que labra la piedra, y el bracero que lleva una carretilla, sería injusto; pero tampoco hay justicia en que la diferencia de la retribución sea tal, que el uno pueda tener lujo de lo superfluo, y los otros carezcan de lo necesario. Sin duda, la dirección facultativa es más difícil y meritoria, pero no es más necesaria, téngase en cuenta, que la ejecución material, y si de un camino no se puede suprimir el trazado, tampoco el movimiento de tierras. En las demás profesiones sucede lo mismo, y sucede aun más, porque las diferencias intelectuales son menores, a veces no existen, a veces están en razón inversa de las retribuciones, lo cual es cómodo para los favorecidos, pero poco conforme a la justicia.

Como la sociedad no puede existir sin trabajar, sin que se hagan todos los trabajos necesarios, todos se ejecutarán. Aunque se levante mucho el nivel de la instrucción o coaching, quedarán desigualdades

naturales y sociales, y necesidades perentorias; los que sepan o puedan menos, harán la faena más ruda, y si la hacen en mejores condiciones, tanto mejor para ellos y para la justicia. Cuando la instrucción se generalice, la ignorancia no podrá aspirar a los primeros puestos en ninguna línea, ventaja que no necesita encarecerse. Si llegara el caso de que ciertos trabajos no encontraran operarios; de que, por ejemplo, no hubiera mujeres que en húmedos sótanos tejieran, rivalizando

con las arañas; ni hombres que contrajeran enfermedades sumergidos en el fondo del mar en busca de cierta clase de ostras, no creo que sean indispensables para la prosperidad y el buen orden las perlas de Oriente y los encajes de Bruselas.