La influencia musical. Primera parte

Imag. música

La música que me ha ayudado a espantar mis monstruos, a levantarme de una caída, a olvidarme de mi realidad, como lo hacen los que buscan las drogas, el sexo y la adrenalina, es la música de muchos más, es la que todos hemos disfrutado, algunos no conocemos, algunos nos hemos quedado hasta el amanecer escuchándola, es la que nos hace sentir que estamos vivos.

Entre las idas y vueltas de diferentes grupos, solistas, cantautores, cantantes de playback, ídolos de un solo hit de alcance mundial, un grupo impostor como Mili Vanilly, divas, y legendarios como Rolling Stones y Julio Iglesias indujeron en mi un carácter relativo e inestable, una marea de ritmos y estados de ánimo alucinantes, un consorcio de pasiones inusitadas e inevitables que me obligaron a comprar discos, o a copiar cassetes. A mantenerme a la expectativa de algún premier de video en cadena nacional en MTV como cuando espere la premiere del video Why Can´t I be You de The Cure, o a gozar de un concierto en vivo como el de Depeche Mode en el Sports Arena en Octubre del 1987 en la ciudad de San Diego California. Cuando se trata de música el dinero viene y va, no nos importa gastar, no nos importa quedarnos cortos para pagar la  mensualidad de la casa.

La música tal vez, será lo que mas me importa de todo lo que hay en este planeta. No lo es la educación ni la filosofía, ni lo que recibo de los demás ni lo que les doy. Cuando he supuesto que he alcanzado el éxtasis con algún grupo musical que me ha gustado del todo, llega otro a desbancarlo, no  tanto así en forma radical de alejarlo de mi biblioteca de música o de mis preferencias. Tal vez sea uno el complemento del otro. Tal vez no. He pasado meses y meses escuchando un solo disco de algún cantante favorito. Al otro mes ya estoy escuchando otro. Y así ha sido ya desde 1983 que escuche por primera vez algo que me gustara.

En la medida en que me fui identificando con un estilo, con una forma de ser, fue que me convertí en una persona normal, con un gusto por la vida. Creo que hasta los cavernícolas pudieron  sobrevivir gracias a  la música, si no participaron en ningún sentido de ella  no fueron personas normales. Los instrumentos musicales que aprendemos a tocar o a escuchar son como dispositivos autoformativos, si y solo si elevan la conciencia y la llevan a un estado de servir a uno mismo. Si la música te lleva a servir a otros, a tomar un spray para destruir o grafitear, a dejarte llevar por las letras incitadoras o sedicionistas no estas asumiendo la música de forma reflexiva, la música se convierte en heteroformativa cuando te lleva a un posicionamiento delimitado por otro. Depende de uno que  la música pueda ser  autoformativa o heteroformativa, en ocasiones lo hará de una forma  o  se alternará  con  un  efecto dual  como lo hace  su homologo formador que es  la escuela.

He visto a mujeres imitar el vestuario de alguna cantante, las tallas de su cuerpo,   o a sujetos sin principios imitar el peinado o tatuajes,  o aun hasta los mismos vicios o pecados  de sus ídolos musicales. He visto de todo. Un fan de los Rolling Stone cuenta en su blog que asistió a un concierto en Gran Bretaña invitado por su novia. La chica  le dice que si no va a usar con ella el LSD que se olvide de ella. Cuando este individuo decide usar la droga para no perderla empieza a alucinar y en esa ficción un personaje se le aparece y le dice que es muy poco hombre para ella, que el ya logro llegar a primera base con ella y también lo incita a que aviente cosas a Mick Jagger quien se desenvuelve también drogado arriba en el escenario. Acto seguido él le contesta que no es tan tonto para hacer una cosa así, empiezan a razonar juntos y le hace ver que con esos gorilas que rondan como policías de seguridad que traen macanas nadie  se va a atrever a lanzar algo al escenario. El personaje imaginario, que es él mismo,  le contesta que para qué se preocupa, si de todas formas por el LSD no va a sentir nada en caso de ser golpeado.

He de confesar que en la transición que tuve de niño a adolescente me sentí solo. Habíamos vivido en mi familia entre primos, y un buen día, los primos se alejaron, por lo tanto ya no había con quien jugar. Los vecinos que tenía, mucho más chicos que yo, ya escuchaban todo tipo de música, pero a escondidas de sus padres. Yo también pasaría a hacer eso, porque la música permitida en mi casa era la música clásica: Wagner, Beethoven, Mozart, Franz Liszt. Me sé de memoria muchas piezas orquestales, nunca pude aprender ningún instrumento, estudie piano 4 meses, hasta que mi maestra se cansó de mí y me dijo que lo mío no era tocar el piano, que no tenía ningún control sobre mis dedos. Mi decepción fue enorme, me decepcione, no de la música, me decepcione de mí mismo. Las palabras de mis maestros de que yo tenía muchos talentos empezaron a calar en mi cuando las contrasto con mi realidad. Mi realidad era la escasez de talentos. Fue entonces que la música pasó a ser mi consuelo, como un pedazo del barco del cual me asía para no hundirme en un naufragio.

Inconscientemente a mis 10 años ya sabía de The Beatles, de Queen, de los Rolling Stones, de The pretenders y de otros como Depeche Mode. Sin embargo, el hito musical más vertiginoso se da cuando comienzo a ver videos de Madonna, de Cindy Lauper, The romantics, Elton John con su “I guess thats what they call it the blues” y Michael Jackson con su nuevo disco Thriller. Tenía 13 años y para mí fue un golpe tremendo ver todo esto nuevo para mí. Se puede decir que no estaba preparado para tanto talento, tantos hits que estremecieron, no solo mi alma, conmovieron el mundo entero todo este movimiento que en España se conoció como “ La movida”. Eran tiempos de tensión mundial entre dos potencias que se peleaban la supremacía política y económica, ideológica. Veíamos grandes movimientos de protestas en Polonia, en Irlanda, en Francia. Es la era en que en un afán por acabar con el comunismo, los países capitalistas se deshacen de la propiedad de las empresas y de eliminar derechos sociales para dejar de lado la concepción del “Estado de Bienestar”.

Ver a Elton John en un rolls Royce saludar y enamorarse de una oficial comunista en Berlín, produjo en mí una especie de conmiseración por toda la población que estaba del otro lado del muro, los comunistas, quienes vivian situaciones a veces de hambruna y terribles inclemencias de frio por la falta de calefacción en sus hogares  de la que no nos enterábamos en el lado occidental por la falta de información producto de la tiranía de esos gobiernos comunistas. Y como no regocijarse con la esperanza que daba Morrisey con su canción “I know its gonna happen  someday, dont lose faith”, todos aquellos de aquel lado al escuchar esta canción imagino la gran emoción de alguien que les dice, esperen solo un poco más, no pierdan la fe, pronto va a caer ese muro, y efectivamente cayo en noviembre de 1989. Oír a una Chrissie Hynde pronunciar la palabra “Poderes Fácticos” ( the powers that be) en la canción donde se habla de regresar al grupo de prisioneros fue algo muy emotivo porque por fin había alguien a quien culpar de ir a la escuela, de tener que ir a trabajar para conseguir el sustento en vez de esa vocación que tiene todo ser humano de disfrutar su vida en el ocio, en los pasatiempos, en vivir la vida misma que no necesariamente es de trabajo.

Destilar toda la energía de la juventud en un patinadero escuchando la música que disfrutamos en aquellos tiempos, en la película de Flash dance,  del realizador  Giorgio Moroder e Irene Cara me hizo entrar en consonancia con  las ganas de triunfar que la protagonista muestra, observar con cierta mojigatería de mi adolescencia su  poco   recato  recibiendo sensuales baños de agua en lo que considero ser el preludio de los table dance actuales. Le tuvimos miedo a su intensidad y a su espontaneidad, a los secretos que toda mujer encierra, esa mujer que de pronto trabaja arduamente en posiciones tradicionalmente prohibidas para ella como la soldadura porque sin duda a los hombres nos asusta todo lo que una mujer puede conseguir cuando se lo propone.

Sin duda, a la generación ochentera nadie pudo detenernos en nuestras aspiraciones ( Nothing´s gonna stop sus now de Starship) de un mejor mañana para nosotros y nuestras familias. Se sintió una especie de luz verde para muchos cambios que a la postre, para bien o para mal dieron forma a lo que hoy vivimos. Nuestros padres eran escépticos de lo que seriamos capaces de hacer, pero eso no nos detuvo, porque aun con su falta de apoyo nos embarcamos a otras latitudes para prepararnos en una profesión.

Descifré con precocidad, que en cuestiones y gustos musicales hay mucha variedad, mucho que entender. No fui el mejor conocedor de la música de mis tiempos pero si el que la descifro con más claridad y fidelidad a las verdaderas intenciones de sus autores. Había quienes en la preparatoria podían pasar horas alegando conocer más de aquel o de aquella, de sus orígenes o de sus futuros conciertos. Muy poco pudieron sentir la profundidad y  los misterios que albergaron los corazones de los principales exponentes de la época. Amanecer brincando en los pastizales de un búho que sufre de una terrible resaca es acaso la mejor manera de expresar lo miserable que una persona puede sentirse al carecer de un empleo, mas no de  creatividad y  chispa. Morrisey, mucho antes de ser famoso, y después de haber terminado su carrera en letras inglesas, sintió por algún tiempo estar destinado al desempleo hasta que vio el anuncio de audición de la banda The Smiths, Descubrí mas de los motivos de un cantautor que de sus fechas de concierto.

¿Qué tan pronto puede ser ahora mismo? Es el título de una canción ochentera que aún escucho de vez en cuando. Me hace recuperar mi más preciado carácter humanista, reconocer, como lo hace en la canción, que mas bien soy  un ser humano, como cualquier otro, con necesidad de ser amado, y que una vez que has salido de tu casa paterna, aun con tu orgullo que te evita regresar fracasado, aun así a veces se sentían ganas de mandar todo al  carajo y gritarle a todo el mundo que deseas que tu realización se concrete tan pronto como ahorita mismo.

La misma emoción me transmitió la canción “Theres a light never goes out” en momentos en que ya no te importa nada porque has salido del dominio autoritario parental, vives muy lejos y te acomodas con una familia que te adopta mientras terminas tus estudios. Hay un paralelismo con estas letras que dicen que no importa a donde te lleven, como se maneje, si te estrellas de frente con un camión materialista, y si en ello ocurre que pierdas la vida, qué mas da, tu has abandonado tu casa, te dijeron infinidad de veces que no era tu casa, que ahí solo era cuestión de someterte, y con esas palabras  te sentiste ridículo  si seguías viviendo junto a tu familia, pero ahora haces un ridículo mayúsculo agregado a una familia desconocida, a mas de tres mil kilómetros de tu casa.

¿ Y qué importa?

¿Qué día es más triste que el domingo? Ninguno. Es el día en que te preparas para iniciar una semana de trabajo, una semana de esclavitud. Pero a veces, puede parecer toda una semana tan triste como el mismo domingo. El domingo es el día del Señor, pero aun así es un día triste,  ( Every day is like Sunday).Un día en que te recuerdan debes ir a trabajar al dia siguiente no puede ser un buen día. Puede ser un día familiar, un día de un evento musical o simplemente un día para reflexionar. Debiera ser solo para la reflexión. Pero, ¿ quien rayos se detiene a reflexionar hoy en día? Y aun con todo y que las luces de la diversión se apagan los domingos, la alegría de que se iniciara una semana se hacia mas grande al escuchar una canción del finado  Robert Palmer como lo fue  adicto al amor, o simplemente irresistible. Era la luz verde de un semáforo para volver a ver a la chica de tus sueños de la Secundaria. Nada parecida a las chicas que tocaban y bailaban a su lado, mucho menos su lipstick prohibido por ser colegiala.

Una canción que parecio embonar como pieza perdida de un rompecabezas emocional es la canción Take on me del grupo noruego A-ha. No sé si miento al expresar que transmite emociones que como en una especie de Deja- vu musical sabíamos por instinto que alguien escribiría y tocaría de esa manera. Cualquier adolescente de esta época supo enamorar con paciencia y estilo a la chica de sus sueños. También supimos reconquistarla al perderla por un malentendido o una falta de apego emocional por la distancia o por los estudios que antes, sí tomabamos en serio, ( Careless whispers)

Eran una religión las relaciones amorosas ( Losing my religión REM) Era difícil seguirles el paso y cumplir con otros compromisos, pero aun asi les dimos mas importancia que la que se les da hoy en día.

Algo que creo a todo mundo puso en aprietos, fue el aceptar ser seguidor de algún grupo musical o cantante que abiertamente expresara su homosexualidad. (I want to break free de Freddy Mercury)

Continuará….

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