Romancero VI

calaveras

Me has habitado desde que te vi
tus labios se antojan más que las fresas
tus ojos inocentes destilan frambuesas
y tu fuente interior vibra con  tenue luz.

Tus pasos los cuento como tic-tac de un reloj
me pregunto de dónde proviene tu suavidad de porcelana
que deseo tocar en cada mirada
en tus suspiros deseo ser su pròlogo.

Cuan fuerte es la malicia mía de observarte
cuando bien pudiera negar que te miro
cuando la razón justa me advierte
que no es prohibido hacer o deshacer cuando se desea por los dos.

Sólo un poco de remedio encuentro en escribìrtelo
porque es ya muy grande castigo el no poder verte
bastante desahogo el confesarlo
y en lo cotidiano una página nueva esparce mi cariño por ti.

Sin poder evitarlo mi alma procura tu alma limpia
que al saberse observada minuto a minuto tù dime ¿què siente?
confianza o disolución.

Con hacerme mil preguntas de ti adorno mi horizonte

¿Qué cosas admiro en ti?
¿Quién ha sido igual de dichoso al verte?
¿Por qué aun antes de respirarte tu aroma  aparece?
¿ Por qué sin palabras me persuades y cambias mi semblante?
¿ Por qué basta con que digas algo para que pronuncie un Si?
¿ Por qué  mis malestares se curan con tus sombras?
¿ Por qué mi corazón se deshace con la suavidad de tus manos?

Yo siento gozo y echo fuera de mì el desierto anterior
mejor estado de tu alma quisiera proveerte
que he resuelto será dicha y fortuna amanecer y tenerte
con varianzas vivì antes pero hacia buen puerto navego ahora.

 

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