La guerra entre los sexos

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Los postulados éticos que nos hemos fijado como profesionistas se deben cumplir por ambos sexos. No tienen necesidad las mujeres de caer en situaciones oscuras y extraordinarias para beneficio propio o de un grupo de personas que estén detrás de ellas. Las mujeres forman parte de los elementos más bellos de la naturaleza y de la creación.

Hablar mal de ellas suena a pecado y no forma parte de nuestras cualidades como caballero. No puedo acusarlas de estar detrás de momentos clave que hayan cambiado para mal el rumbo de la historia, todo lo contrario, las mujeres han hecho su tarea en el devenir de los acontecimientos para llevarnos a un punto de madurez, de modernidad, de amor.

Sin embargo, encuentro una contaminación, sin distingo de sexos, en la interpretación de la ciencia ética tanto en la formación como en el desempeño de la sociedad.

Ni mujeres ni hombres nos detenemos a hacer reflexiones morales sobre nuestro actuar por miedo a rebajar la utilidad que esperamos de un negocio. Los deslices que tenemos, muy a menudo, no se deben a confundir nuestro estado de ánimo con nuestros propósitos, se deben a que carecimos de prácticas éticas en la formación que tuvimos durante nuestro espacio escolar desde la primaria hasta la universidad. Todo lo que tuvimos fue teoría y disertación.

En lo que se refiere a la praxis ética parecimos y parecemos desquiciados dibujando castillos en el aire. Mientras que las mujeres intentan imponernos su visión matriarcal a través de una catequesis basada en exageraciones y dramas clericales con el que se controlaba a los nativos americanos, los hombres, por inercia, intentamos cerrarles el paso a sus oportunidades requeridas, en ocasiones a tal grado de perpetrar el crimen perverso del feminicidio.

¿Por qué habemos hombres que no nos preocupamos por conocer a fondo a las mujeres con las que tratamos? Con el paso de los días o los años vamos descubriendo sus últimas intenciones de manera penosa a través de extrañas experiencias y en vano intentamos emular su endémico sigilo para entender sus intenciones inexplicables, de sus sombras corpóreas, impredecibles y parlantes, que naturalmente pasan junto a uno inadvertidamente, continúan su trayectoria para terminar envolviéndonos en sus enredaderas. Que Dios ampare a quien tenga que hacer tratos con mujeres faltas de ética, pero ninguna ventaja tienen ellas con nosotros los hombres con esa misma precariedad, la única diferencia es que nuestros actos deleznables sí son previsibles para ellas.

Existe un mayor conocimiento de la mujer sobre los actos masculinos. Las mujeres aborrecen al hombre cuando están despiertas o con una consciencia expandida, pero cuando están dormidas, enamoradas o hipnotizadas se dejan llevar por él.

Si bien es cierto que en el actuar de las mujeres no se percibe una regularidad de una mente matemática como en el hombre, hay mujeres que sí logran encarnar esa virtud, o al menos lo imitan con propiedad.

Las mujeres son amateurs a la hora de salirse con la suya, son capaces de hacer trampas pero dejan un hilo conductor hacia sus deleznables actos porque el hombre se encarga de mostrarse con supremacía en la conducción de la trampa y el bochorno del acto vergonzoso.

En la conducción de la trampa, la mujer solo es capaz de ayudar a los afeminados, a los ineptos y a los débiles de espíritu. No existe una máquina para leer el pensamiento como la que menciona en su ficción André Maurois pero si pudiéramos leer los pensamientos de hombres y mujeres encontraríamos que los hombres piensan con palabras y las mujeres con acciones, acciones con efecto de cámara lenta en tercera dimensión porque observan todos los detalles de cada situación.

Los hombres tenemos miedo de que tomen el poder porque no usaran la violencia para obligarnos a cumplir con la normatividad, tenemos miedo de que usen sus encantos tal como pensaban los griegos. Los hombres nos cuidamos de no hacer cosas que ya han sido dichas o hechas porque aborrecemos lo que estamos acostumbrados a ver. Apetecer y aceptar lo nuevo es parte de nuestro lado flaco. La diligencia es la más excelsa virtud a la que estamos acostumbrados y disfrutamos de ver en una mujer, salvo en excepciones de mujeres que se escapan de esta cualidad.

Ellas buscan para los hijos que todos tengan un mismo cuidado, una misma herencia, no hay mujer que vea bien el sufrimiento de los pequeños por la pasividad del varón, en esto consiste el instinto maternal, pero va más allá, ellas desean que todos tengamos los mismos campos para cultivar, que no hayan muchos que posean en exceso mientras que otros no tengan donde sepultar su cadáver.

En los enormes almacenes de la vida humana, entre hombres y mujeres siempre que hacemos inventario de nuestras aportaciones a la ciencia, el arte o la religiosidad me aventuro a concluir que las mujeres han aportado mucho más en los últimos siglos porque anteriormente las teníamos limitadas a la casa y a la familia. Si el hombre pinta un paisaje pinta para sí mismo y hará en el lienzo un escenario agradable e idóneo para el estado de ánimo en que se encuentre.

En diferentes épocas de la historia pareciera que la lluvia creativa de las mujeres amaina y se vuelve llovizna cuando en realidad siempre ha estado detrás de todos los chubascos que ha traído el hombre, nos dan lo que no tenemos, lo que nos falta, lo que nos nieguen siempre limita la creatividad de ambos sexos. Esa creatividad de las mujeres la emprenden y concretan en proyectos de vida que no atinamos en dar crédito y mucho menos distinguir porque nos obcecan su arreglo personal, sus atributos y de inmediato las calificamos como “buenas” o “malas” produciendo puntuaciones de recato, prudencia o castidad en base a su apariencia.

La paradoja radica en que es tanto nuestro razonamiento sobre muchos tópicos y sobre ellas que cuando sentimos asfixiarnos por tanta cogitación, sobreviene otra modalidad de enloquecimiento que desencadena en una persecución desenfrenada de esos afectos y emociones de la mujer, que a priori ya habíamos calumniado. La exaltamos para después hundirla en lo abyecto.

La mejor manera de admirar la belleza de la mujer, sentir como el alma propia se estetiza al contemplarla es en la distancia, no en la cercanía. La jovialidad de la mujer, sus encantos se disfrutan más en el anonimato, cuando esa mujer no te presta su atención, cuando la miras caminar de lejos, cuando estas a la expectativa de que pasara por enfrente de tu cubículo o de tu pupitre. Esos son tiempos de gozo bien empleados, cuando se disfruta momento a momento la mujer amada que aún no te ha concedido su preferencia. En tiempos de amargura buscamos medicina en ellas, y si no la encontramos desvariamos, llenamos esos vacíos con remedios de occidente o de oriente y cuando encontramos esa sustancia que nos alimenta persistimos en esa dirección dependiendo de qué tan favorable o adverso nos sea ese rumbo trazado.

Es más común que el hombre odie el crecimiento de los demás. Las mujeres son más propensas a ayudar al crecimiento emocional o económico de otros. Odiamos tanto a los ambicioso que tenemos una desconfianza muy grande hacia todo el que quiere hacer cosas nuevas. No le pedimos explicaciones al que no se afana en rebasar la línea promedio de desempeño, pero sí les exigimos todo tipo de justificaciones a los que intentan trascender. De ahí nace en los verdaderos hombres la preocupación siempre latente de caer, no en una desgracia, sino en el ridículo.

Las mujeres educan desde la cuna a sus hijos porque están más conscientes que el hombre de que el mal en la vida humana se debe a la ignorancia. Saben, por instinto materno, que un niño que experimente cosas nuevas cada día estará más preparado para cualquier peligro.

Cuando una mujer tiene un niño con inteligencia superior a sus hermanos, sabe que será superior en todo lo que haga, que tiene todas las características deseables en su hijo. Y lo que lo hace superior no es tanta habilidad, sino que esas habilidades le servirán para escoger siempre lo mejor.

No es frecuente que se busque tener hijos con pocas cualidades, ni como papa ni como mama, pero tengan las habilidades o cualidades que sean a los hijos se les acepta como son. Un tema de discusión entre hombres y mujeres que muy a menudo dejamos en el descuido, por enfrascarnos en nuestras metas sexuales es el de crecer en responsabilidad y conciencia, con el objetivo de sacar de nuestras ecuaciones toda aquella precariedad que afecte a los hijos: los malos cuidados, uso de drogas o cometer actos que van a lesionar nuestro patrimonio o a nuestra familia.

La mala administración, la negligencia en nuestras responsabilidades laborales, la mala alimentación de los hijos por carecer de recursos y los efectos secundarios de las adicciones se van a acumular como limitantes a aquellas que ya de por si imponen las geográficas y del contexto de nuestra comunidad.

Estas buenas decisiones de pareja se van construyendo desde la infancia. El ser superior se nutre con el desarrollo de perceptores superiores. La carencia de los mismos se ve explicada por la nula acumulación de referentes que nos hacen captar más información que anda volando por nuestras cabezas y que nos hace más capaces. La ausencia de estos perceptores nos llevan a la ruina y es cuando contratamos asesores para salir de deudas o para salvar el matrimonio.

Los perceptores son las habilidades para definir una mayor sensibilidad en el trato con los demás, los momentos de invertir o de dejar un trabajo, las formas, los materiales que ocupamos para construir algo nuevo y, obvio, de la imaginación para disponer los elementos que contiene un mecanismo sencillo o complejo. El hombre o la mujer que desarrolla estos perceptores muy difícilmente se dejan llevar por inestabilidades, cambios, modas o tendencias pasajeras. De ahí la cita de Aristóteles que viene muy al caso: “Es realmente bueno lo que el hombre superior considera que es bueno”.

Así mismo, los hombres o mujeres con habilidades extraordinarias, a la par de que desarrollan cosas novedosas de gran valor para la humanidad, también valoraran aquello que es digno de valorarse y de ser considerado digno en la más humana connotación de la dignidad. Tenemos que aprender a escoger todo aquello que sea digno de desearse para satisfacer nuestras necesidades sin afectar a los demás. Se habrá escuchado que cada quien es libre de gastar su dinero en lo que mejor le parezca, pues no es así.

Esto no es parte del pensamiento de un ser superior. Un ser superior siempre desea aquello que es de valor universal, que ayuda al crecimiento y prosperidad de su prole, y en el último de los casos, en aquello que no afecte a los demás. Cierto es que aquello que deseamos obtener o construir es lo que nos motiva a vivir. La motivación viene a ser diferente entre hombres y mujeres, porque no deseamos hacer las mismas cosas, aunque ambos desearan cosas de gran valor. Desde chicos es preciso adquirir estos valores superiores que se conviertan en necesidades superiores. No podemos contentarnos con cualquier cosa, y mucho menos si se refiere a metas sexuales.

El ser humano solo recuerda cuando sigue categorizando, permanece en la continua percepción de sus alrededores. Almacenamos recuerdos con diferentes etiquetas, obviamente las mujeres etiquetan sus recuerdos con emociones femeninas, detalles en los que ellas prestan más atención, los hombres tenemos también puestos nuestros recuerdos en múltiples lugares de nuestro cerebro con etiquetamientos y categorizaciones. La sección cerebral que se encarga de guardar los recuerdos de las mujeres la imagino sin dispositivos mutiladores como tenemos los hombres, porque los hombres difícilmente recordamos todas las características del entorno. Los recuerdos de las mujeres están mutilados aunque no en una cantidad tan grande como en el hombre.

A medida que acumulamos más recuerdos los hombres, esos mutilamientos se hacen de mayor tamaño. Esas partes que forman un todo ayudan a las mujeres a reconstruir ese todo que podrían estar olvidando. Los encuadres subjetivos que hacen las mujeres de cada situación que viven en la vida parecieran ser más fieles a la realidad que experimentan, los hombres estamos un poco impedidos por nuestra racionalidad para acercarnos con entereza y alta definición a los hechos que están implantando en nuestro cerebro retos y dificultades. La encarnación del verdadero sentido humano de los actos se alcanza cuando la mujer expresa por medio de sus movimientos, encantos y afectos, y así mismo reduce al orden los impulsos contradictorios que tenemos los hombres.

La recuperación del antaño y tradicional estereotipo de estar al servicio del hombre y de los hijos, de aquella mujer que planchaba, que cocina, que debían ser recatadas, que no podían ser provocativas o catalizadoras de pecados, ese papel de invisibilidad, de no ser llamativas ni chillonas, esa capacidad escatimada de dar matices y de enriquecer a la sociedad con su toque personal han llevado a los hogares extrañarlas tanto.

Con su emancipación la mujer puede que haya extraviado al hogar, puede que haya movido a las nuevas generaciones a una indiferencia por todo por no estar al frente del hogar, como estaban antes, y con ello compramos la idea de que la ministración de la mujer es esencial para un hogar.

No rescatarán a los hogares por más palabras que yo escriba a favor de ellas, ni por los poemas que se refieran a ellas, ni por las flores que les mandemos, ni porque huyan al campo para descontaminarse de los vicios de las ciudades. Salvarán a los hogares porque está en su corazón hacerlo. Un latido común de sufrimiento por aquellas mujeres que han olvidado a sus hogares para llegar a dominar y ser más exitosas que el hombre. Con todo, la mujer es inevitable, profunda en todo lo que hace y fecunda.

Me parece imposible definir los comienzos de la actividad femenil. Hay aparentes anomalías que los arqueólogos observan en los huesos que ha sido determinado ser de mujeres. Se observa violencia hacia ellas desde los primeros tiempos lo que nos hace pensar que las mujeres eran vistas como instrumentos que usaba el hombre más que seres humanos que vieran como iguales.

Los usos y costumbres en donde los hombres las ponemos por debajo de nosotros son vicios “egeos”, y virtudes “aqueas” de muchos hombres el reconocerlas y permitirles su libre tránsito hacia el éxito. Quizás nos molesta tanto a los hombres que son capaces de tener una organización más elástica que nosotros, una organización que les permite desarrollar todo lo que se proponen en un menor tiempo y sin tanta queja.

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Educación emocional. Primera Parte

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Los encantos de esta vida son más gozosos cuando los relacionamos en la tranquilidad de nuestros más bellos recuerdos, porque todos sabemos que a un corazón sobreagitado se le bloquea la voluntad emocional y racional. Los más bellos recuerdos los ubico en aquellos momentos en la secundaria y preparatoria en que perteneciste a asociaciones estudiantiles, cuando se hacían campañas electorales, se presentaba una plataforma política y tomabas el micrófono para disertar, siempre vigilados y auspiciados por la autoridad escolar. Nos daban un respeto muy grande los maestros y directivos, y nosotros a ellos. No como ahora que se les trata como ignorantes, como personas que no tienen nada de bueno en su interior, porque así se les controla mejor, con un paralelismo con el nuevo trato dado a los maestros endosado por los medios de comunicación y las nuevas leyes educativas.

No es común te des a la tarea de recopilar los recuerdos del hogar y la infancia, tampoco de todas aquellas situaciones que vives fuera de tu casa cuando eliges la aventura de ser estudiante que reniega de la oferta de estudios local en pro de una oferta educativa más cientificista y responsable como las que hay en Monterrey o en el Distrito Federal. Salir de con tus padres sin un centavo es el crisol de hierro que produce varonil templanza. La vida de un ser humano se funda con duelos y naufragios, pocos éxitos, muchos períodos de hambre y de dormir en parques con solo una chamarra de plumas de ganso que proteja del frío. No hay mayor educación emocional que la que da una billetera vacía y la desesperación del nulo apoyo familiar. Muchos de nosotros no recibimos ni de los padres ni de maestros una educación que tomara mucho en cuenta las emociones, es la lectura muchas veces la unica educación emocional, las lecturas de Virgilio, de Platón, de Aristóteles, de Lucas Alamán pero ninguno como Sor Juana Inés de la Cruz.
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Cuando eres un estudiante que gusta de cautivar sus emociones de adolescente la lees a profundidad y te propones que llegue el día en que te proporciones tiempo para comentar alguna de sus obras. Esa actividad de leer al fénix de América y comentar sus obras se convierte en algo muy emotivo y de gran reverencia.

En la vida llegas a toparte con personas que se creen muy emocionales, o que en realidad lo son pero rayan en el emocionalismo. Los grandes lectores no son los que leen para acumular conocimientos, lo son quienes se proponen cultivar en su comunidad un espíritu de diligencia en la lectura, haciéndolo con la idea de no abdicar al trato emocional y al respeto de nuestra dignidad individual porque todos estamos atados al mismo tronco, tronco de vidas parecidas, situaciones semejantes y las mismas emociones desbordadas en momentos difíciles. No obstante, también hay una metodología para educar las emociones.

¿Cómo y con qué?

Pretendo enseñar a mis alumnos a cuidar plantas, sembrar vides, cultivar uvas, así como orientar a sus madres para que les apoyen. Eso sería una actividad didáctica de un alto contenido emocional para el educando. Les recomendaría lecturas de poetas o campesinos que han gustado de alimentar el deseo de los niños por el campo.

La antología literaria de la agricultura de Don Juan Dantin Cereceda desarrolla en el niño el sentimiento de amor al trabajo, el sentido de la buena poesía, consejos útiles y educa la sensibilidad. Los hombres habremos de luchar para que la tierra sea más grata cultivando hortalizas, miel, seda y lo combinas con la lectura de quienes hicieron lo mismo. Matizar el alma con la diversidad de tierras y climas: asi como la forma humana es determinada por el fruto del trabajo y el control de la alimentación, de las hormonas el hecho de la intercomunicación humana y el gozar los diferentes climas y geografías va modelando el alma humana como se pule una bola de billar hasta llegar a ser lo que es. De esto nos sirve conocer y admirar los pirineos, atendemos las emociones cuando volvemos al ser humano un ser universal.
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No podemos ser una agrupación cerrada con diferencias y fronteras las cuales solo son puestas por las leyes de la economía, para limitar el movimiento de masas debido a los problemas que se presentan con la repartición del trabajo. Todos estamos muy dispuestos siempre a robustecer el conocimiento de los paisajes y artesanías locales, porque es lo que nos distingue de los demás pueblos, artículos que muchos de ellos tienen belleza y laboriosidad local, pero las verdaderas emociones que despierta la cultura tienen que ver con la cultura universal. ¿ Qué diría Platón si hoy apareciera y atestiguara que los mexicanos solo nos vemos interesados en nuestro idioma y en nuestra localidad? La misma utilidad, contentamiento y entusiasmo que nos produce la producción artística local debe producirnos la universal.

Hemos de saber que los seres humanos que están muriendo en cualquier parte del mundo no mueren en santa paz cuando mueren en aislamiento. Mueren de mejor manera quienes se pasearon por todo el planeta buscando lugares propicios y de interés general, se fueron enriqueciendo y transformando sus emociones al probar la diferente producción de bocados y bebidas que hay por todo el mundo. Si no les fue posible, al menos se interesaron en conocer a su manera de todo tipo de lugares en imágenes, videos o películas. Es una labor de acercar y comparar las cosas distantes con las propias.

En mi caso, tuve la oportunidad en mi infancia de ver películas españolas, de ver esos paisajes de acantilados que son golpeados por las olas del mar y cuando llegué a ver estos mismos paisajes cerca de mi vivienda los comparé y sentí que estos y aquellos eran hermosos y que me sentía afortunado por vivir en una región geográfica parecida a aquella, acarreando con ello un mundo de sensaciones y emociones que me han provocado el deseo de conocer esos lugares, pero también el de disfrutar de los propios.

Pude observar la coronación del Rey Juan Carlos I de Borbón cuando tenía cinco años. Yo a esa edad, no sabía si se trataba de mi país o de otro, ni siquiera sabía si había otro país o qué era un país, lo que sí supe es que cuando observé por primera vez, tiempo después, un informe de gobierno como lo fue el de Luis Echeverría, donde en todo México hubo irritación por su decisión de encarecer el dólar de doce con cincuenta a veinte pesos, quise quedarme con la emoción de la coronación. Más tarde comprendí, al entrar a la primaria y serme representada la historia de México, resultó ser que España era la nación villana, y muy grande fue mi golpe emocional al darme cuenta que no pertenecía a ese Reino, porque no se me informó en su momento de tal improcedencia.
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El momento era clave, el rey destila lágrimas sin yo saber por qué. Ya en mi edad de preparatoriano leo sobre la guerra civil española y sus terribles consecuencias y cobró sentido aquella coronación muy emotiva. Fue regresar a un estado de cosas anterior a un terrible derramamiento de sangre de millones de niños y adultos en forma innecesaria. El odio entre personas de un mismo pueblo es el odio más inútil y gravoso que existe.

Es la intercomunicación entre pares, la forma en que educamos las emociones, nadie se educa en el aislamiento. De ahí que muchos sientan pena por todos aquellos que estudian un nivel educativo en línea o a distancia. Es de gran valor ser autodidacta pero las emociones que se producen con la socialización se congelan. En la educación de un niño debemos provocar en él que escriba historias falsas o verdaderas, cuentos y relatos imaginarios o anécdotas de su experiencia. Es un ejercicio en donde les preguntas qué sintieron cuando pasó tal o cual cosa, que no nieguen sus emociones, que no les dé vergüenza llorar por algo malo que les pasó.

En la redacción de sus historias hay que enseñarles a ponerle un aderezo retórico a sus historias, detalles tan dulces como un bombón cuando haya sido una experiencia placentera, detalles estridentes en caso de que hayan sentido desfallecer del miedo o tan indiferentes como agrio es un limón. Sus presentaciones orales deben ser amenas, con un toque científico, para ello es imprescindible recalcarles la importancia de tener seriedad y orden. La manera en que se expresen y acentúen sus palabras radicará en la intención o rumbo psicológico en el que esté enmarcado su mensaje o contenido de su proyecto.

Es una pena que los maestros califiquemos con la misma ponderación a un equipo que pasa a exponer y hace de su expresión una fiesta del desorden que a uno en el que sus expresiones y el marco sicológico representado fue muy coherente con el asunto o propósito de su trabajo. Los niños que hicieron bien su trabajo se desanimarán en próximos peldaños que hayan de pisar y los que lo hicieron mal reforzarán sus acciones negativas. En los materiales de aprendizaje para el alumno, en lo relativo a ciencias se ha abusado de hacer hincapié en las emociones de los alumnos, dejando de lado conocimientos y datos que les serán de gran utilidad en un futuro en la seriación disciplinar. La emoción humana pura que se experimenta al beber el agua deja de lado el analizar químicamente al fluido.

Es esta formación emocional muy acertada cuando es conducida con sentido didáctico y sin abandonar los referentes pedagógicos de los planes y programas vigentes. Apelamos al sentido humano de nuestros pupilos y no podemos convenir en que lo estamos haciendo con seres deshumanizados, en ese sentido hay mucha tela para usar en ellos, podemos apelar a su inteligencia emocional existente, a esa sensibilidad propia del alumno que solo requiere ser afinada procurando evitar el bajo chantaje de los estímulos biológicos y hormonales propios del adolescente, con los cuales muchas veces los docentes somos engañados pensando que hemos llegado a “tocar fibras” en ellos cuando en realidad acontece un fenómeno natural propio de su edad.

Intelectualizar a los alumnos siempre deja en padres de familia, en otros compañeros docentes o en las autoridades educativas un sabor de “crueldad oculta”. El resultado de sensibilizarlos o educarlos con el método emocional es palpable porque el ser humano es primero sensible o emocional después intelectual. En este punto conviene tocar el tema de una especie de “alienación emocional” que ocurre en las aulas en donde se tiene la idea de que un docente masculino para tus hijos no es tan conveniente como el que tenga una maestra.

La educación emocional ni es exclusiva del género femenino mucho menos del masculino, según se observa en encuestas a padres de familia en donde la mayoría prefiere una maestra para sus hijos por su sentido maternal.

Los humanos no podemos escapar a la definición emocional sin importar nuestro sexo, porque quien sea madre lo fue gracias a un padre y el padre y la madre conforman una sola entidad, de ahí que si alguien me dice que ésta o aquella maestra es mejor docente porque es mujer, porque es madre, y que por eso requiere sin dificultad de permisos para faltar, y que incluso los padres de familia de ese grupo le permiten o toleren ausencias solo porque es maestra, o porque es “madre” pues esto representa un gravísimo error. Quien sea madre debe ser igual de responsable tanto en casa como en su trabajo, lo mismo pasa con los varones. Errar es de humanos, ¡y humanos somos ambos sexos¡. Quien persista en este error se convierte en una expresión más de su ingeniosidad y capacidad para engañarse y engañar a los demás.

Volviendo a lo que me ocupa sobre la educación emocional, a continuación he de tocar el tema de la indiferencia, esa vida sin intención, sin conciencia y sin dirección que muchos educandos tienen, incluso maestros y padres de familia. Toco el tema de colegas, no con el afán de atacarlos, lo hago con la pura intención de encontrar las causas de los males y corregirlas, incluso en mi labor. Nunca que yo sepa, que haya escrito algo me he exentado en cuanto a situaciones irregulares, siempre me he incluido. Es por justicia y ecuanimidad, no con otro afán. Habremos de encontrar educandos que tengan una profunda indiferencia ante todo, la manera de tratar con ellos será mediante lo que se llama “esfuerzos artificiales de atención”.

Tenemos que ponernos a buscar las necesidades internas de los alumnos indiferentes, buscar lo que les es atractivo y finalmente utilizar estrategias pedagógicas que les facilite su acceso al aprendizaje. Quizás el alumno no desea estar en el plantel, necesitamos escuchar lo que desea, no se puede trabajar en contra de la voluntad de un ser humano. En otra etapa de diagnóstico habremos de buscar qué es lo que le gusta, lo que apetece, convenir en acercarse a él construyendo elementos de aprendizaje a su ritmo y en su lenguaje propio. En esta etapa naciente de una voluntad emocional todo tipo de responsabilidades y acciones que le hagan elevar la imagen que tiene de sí mismo ayudarán mucho. En ocasiones están tan cargados en su conciencia de malas acciones propias o de sus padres que no desean externar ninguna acción y solo esperan la hora de salida.

Esta técnica de ayudar a construir su imagen delegándole funciones y haciendo de su presencia un protagonismo esencial para el trabajo en el grupo se conoce como “adición de bienes”. Con esta adición, el alumno madura hacia un descubrimiento de emociones y de habilidades que tal vez desconocía, o que tal vez no tiene pero se ha interesado en desarrollar por su propio bien. Acontece algo parecido con el descubrimiento de América, que el alumno se va curando de esa indiferencia, mientras él continua ocasionando problemas, los docentes gradualmente celebramos la aparición de emociones y habilidades, cualidades misteriosas o virtudes dormitivas que vamos detectando conforme pasan los días, que como dragones en el fondo del mar no se habían descubierto porque nadie había puesto interés en cambiar de estrategia para despertar la voluntad de ese muchacho.

En este estado de cosas no será descabellado que pudieran presentarse vacilaciones o titubeos, recaídas, no sucederán extralimitaciones fantásticas en su desempeño y lo mejor es considerar positivo cualquier progreso en su actuar, que haberlo relegado y dejado a su arbitrio, o ser desplazado a otro plantel. Muchas veces los docentes nos sentimos presionados ante tantos contenidos y acciones educativas que habremos de dictaminar que es difícil nos detengamos por un estudiante que se niega a acompañarnos en el viaje. Los docentes no estamos para ceder ante intereses ajenos de alumnos que desean alterar nuestro trabajo en el aula y en tal caso es procedente remitir al alumno a un departamento de orientación, no sin antes haber hecho estos intentos de educar sus emociones.

La definición de los objetivos de aprendizaje detrás de un escritorio de los diseñadores curriculares no coincide muchas veces con la representación en el aula, y esta indiferencia por dar un seguimiento a lo planeado con lo real en el aula ha hecho que los docentes optemos por redosificar los contenidos o diluirlos ante tanta pérdida de tiempo con situaciones que se salieron de control en el ambiente áulico. Si las emociones de todos los alumnos presentes en un aula están bien educadas, si todos tienen una disposición y un interés homogéneo, si existe una motivación generalizada todo tiene que resultar como se espera en lo planeado. Es por eso que este tratado sobre educación emocional me confiere una gran responsabilidad analizar en todas sus aristas, sabiendo que, por lo menos en mi aula, será de gran ayuda eliminar este déficit en el trato emocional con los alumnos, que potencie la actividad exitosa en un ciclo lectivo.

El uso del lenguaje en el aula como parte de la educación emocional

Algunos maestros podemos lucirnos en el aula usando un lenguaje con intenciones poéticas que no entenderán los alumnos. Esta intención semántica es propia de una educación emocional, pero vemos que nuestros alumnos no están acostumbrados a eso. Existirán maestros que harán gala de tecnicismos en sus exposiciones, o que motivaran a sus alumnos a usar vocablos en desuso, solo para ellos verse como más letrados o para hacer que los alumnos concedan un valor a esta intención.

Tal vez haya maestros que usen expresiones en latín o en francés con los mismos motivos. En la educación emocional hay ciertos usos del lenguaje que se convertirán en verdaderas necesidades expresivas. Quizás también haya quienes prefieran no hablar en clase porque no poseen, ni aun por empréstito semántico, un discurso pedagógico acorde a las asignaturas que imparte. No tengo mas que considerar como un drama patológico que un maestro nunca haga uso de la palabra en clase, y también lo es el que se la pasa hablando en toda la jornada. No podemos caer en el emocionalismo de usar diminutivos a la hora de referirnos a los alumnos, y tampoco en ponerles motes de cariño creyendo que de esa forma estamos educando sus emociones. El referirnos a nuestros alumnos por su primer nombre, sin caer en diminutivos, es una práctica inocua y deseable. El no enviar indirectas cuando estamos hablando de alguna irregularidad o el evitar regañar delante de todos a los alumnos nos ayudara mucho en este tema.

La motivación basada en emociones

Napoleón III invadió a México para cumplirle su capricho a Eugenia, una princesa española, quien para esas fechas aún se resistía a ver con buenos ojos la independencia de México. Moctezuma II se desnuda ante Cortés para denostar su codicia exacerbada, y demostrarle de esta manera que su cuerpo no es de oro. No fueron metáforas, fueron realidades en su momento. Muchos entes históricos que inciden en la memoria colectiva han sido creados por una operación de fingimiento, las instituciones que educaron a nuestros connacionales en el pasado le concedieron frases celebres, acciones y voz humana a seres que no existieron, o que no hicieron tal o cual cosa. Son falacias agigantadas que la clase dominante creó para educar nuestro sentido patriótico y nacionalista. Sin estas falacias la realidad que experimentamos los mexicanos ante la pérdida de nuestro territorio sería inmanejable.

Necesitamos tótems en nuestras insignias nacionales como tienen los españoles su león, o como tenemos nosotros el águila y la serpiente.

Mientras más mitología les demos a nuestros alumnos menos vacíos de creencias habrá en ellos. No podemos reconocer que los maestros nos equivocamos pensando en una posible irreverencia, nos hacemos dioses del olimpo para poder seguir mereciendo su respeto. Las instituciones siempre han de requerir de leyes para poder subsistir y éstas deben oler a hombre lo menos posible. Dicho de otra forma, las leyes han de haber sido fabricadas muy por encima de la capacidad de los ciudadanos de cumplirlas porque cuando ya son fáciles de cumplir hay que reformarlas para traer otras más difíciles que permitan a la institucionalidad mostrarse con un poderío sin igual que le otorgue esa constitución. Si no representa un reto, una meta la ley, el sacerdote cuelga el hábito, el alumno abandona la escuela, para qué seguir asistiendo a la escuela cuando ya nos han entregado el diploma de promoción, el título o el certificado final de estudios.

Si los entusiasmos emocionales populares rompen los diques de contención de la ley, y encuentran expresiones verbales de unidad es que se han elevado las conciencias de las masas, las emociones se han cultivado en exceso como el pan que se está quemando en el horno y nos estaríamos transportando a terrenos peligrosos.

Educar las emociones, pero sin excitarlas demasiado.

Las expectativas son diferentes en cada individuo. Un heredero de sensibilidad que ha perdurado por los siglos es el deseo de caminar de una era buena a otra era mejor. Siempre sentimos que hemos perdido el paraíso, el alumno que llega de la primaria a la secundaria o a la preparatoria siente que toda etapa pasada fue mejor. La realidad nos enseña con los años que esa ciudad feliz no se encuentra en ninguna parte que son figuraciones o espejismos pero nosotros los maestros nos encargamos de hacerles creer a los muchachos que en algún momento de su vida llegaran a la conquista de esa cima anhelada.

Es entonces cuando los maestros debemos darnos a la tarea de recuperar en ellos todos los recuerdos (retrospectiva) pero al mismo tiempo ayudarlos a trazar metas anticipadamente y de esta forma también educamos sus emociones, porque no nos sirve de nada quedarnos en el pasado, tenemos que vivir un presente y en este trazar un futuro. Podemos ayudarlos a escribir o a disertar sobre aquellos tiempos, recordar todo lo vivido antes de que lo tuyo y lo mío llegaran al punto de tratarse y entrar en comunión. Un punto muy emocional, en favor de los estudiantes es cuando en el plan de estudios se concreta que al inicio del ciclo escolar se procede a hacer una especie de certamen o concurso de ideas, lluvia de ideas en donde cada quien propone una regla para una buena y sana convivencia entre todos. Lo que conocemos como reglamento escolar. ¿De qué otra forma podría ser?, si no es con la concurrencia de puntos en común, para de esa forma comprometerse todos a cumplir al pie de la letra con aquello que se ha puesto sobre la mesa como aportación personal.

En este punto, cuando hemos todos acordado las reglas del juego, el docente entra en escena y les recuerda a sus alumnos que todo pueden llegar a alcanzar teniendo una disciplina sin varianza. Si el alumno se auto observa muy probablemente encontrará que no tiene muchos talentos, que no trae ésta o aquella habilidad que observa en sus compañeros, pero el educador emocional habrá de convencerlo que con buena actitud y con mucha decisión y orden puede llegar a tener cualquier cosa que se proponga como lo hace un cirquero o un malabarista, quienes sin muchos elementos técnicos, pero sí con mucha disciplina, llegan a sorprender a propios y extraños con sus actos fabulosos de inexplicable dificultad. El maestro, de cualquier forma, evitará venderles ideas y utopías que sean quiméricas, porque la vida tampoco es una ilusión o fábula en donde todos los sueños son factibles.
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Una de las utopías que tuve de niño y de adolescente, que me llevaron a intentar buscar siempre la excelencia en el aprovechamiento académico consistió en que compré la idea de la prosperidad y una buena posición. No fue la única, una generalizada consistía en que en el año dos mil habría una humanidad dichosa, calles pavimentadas por todas partes con vehículos computarizados que se moverían levitando por ellas sin necesidad de ruedas. Robots que te traerían la comida a tu cama y que responderían el teléfono por ti fingiendo ser tú. Una vida así traería una nueva constitución de leyes porque la anterior invariablemente caducaría por su impertinencia con el progreso tecnológico. Todo lo contrario ocurre, las leyes se están reformando para que los grandes inversionistas “apresuren estos cambios”, según dicen ahora.

En este punto la lectura de libros de futuristas como Isaac Azimov y Julio Verne ayudan mucho a potenciar el desarrollo de expectativas y anhelos que motiven al alumno a construir cosas nuevas, paraísos a la medida de los sueños de cada quien. Por lo cual, mi opinión va en el sentido de que estos libros de ciencia ficción, mas que ayudar al docente en los temas científicos le asiste en la parte del desarrollo de las emociones que surgen cuando el alumno construye sus esperanzas en un futuro mejor, o en un futuro en donde tenga algo nuevo que aportar y que le remita al reconocimiento o menciones honoríficas por la construcción a escala de nuevos procesos, productos o de emprender una idea productiva.

Quien no encauza sus emociones en algo provechoso se enredará con ellas y será el epicentro del conflicto. Es un esfuerzo mediante el cual los hombres sin solicitar ser reconocidos por hacer un bien dominan sus naturales impulsos, emociones para ponerse en servicio del prójimo.

Sin embargo, no estoy muy convencido que el Estado y sus leyes consideren benéfico que la templanza de las emociones produzca cosas positivas o se dispare el crecimiento económico por individuos bien educados que en esa actitud constructiva aporten a la riqueza de la nación. La virtud de las masas impide el progreso intelectual y material del Estado. Los hombres de Estado establecen una comparación como lo hizo el holandés Bernard de Mandeville en donde imaginan que si las abejas, dedicadas a producir mucha miel estando borrachas (vicios) lleguen a la contemplación estética y entren a una especie de transmutación hacia una sobriedad y honradez se irán paralizando sus negocios turbios con esa apatía del contentamiento con la virtud en toda la colmena.

Es mejor que todos tengan una pobre imagen de sí mismos, los vicios privados son la fuente de las virtudes públicas, diría de Mandeville.
aflow