El maestro de Geografía. Azares didácticos que borró la Reforma Educativa 2013

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Quienes estuvieron en la ETI 24 reconocerán a este maestro de gran trayectoria por la docencia. Sus clases no eran clases, decía él. Era un viaje por el mundo, en un gran barco, donde él era el capitán, nosotros, sus alumnos, unos marineros.

Tú hacías un pequeño o gran escándalo, y el al instante gritaba: ¡ Sabotaje!. Pedía que todos anotáramos en nuestra bitácora, ( nuestro libreta universitaria de apuntes) la hora exacta con minutos y segundos en que había ocurrido tal hecho y la sanción impuesta al marinero en cuestión. Usaba su grabadora con un micrófono porque ya era mayor en edad, y ya no tenia la misma voz que tuvo en sus comienzos, él mismo advertía al inicio del curso lectivo.

Nunca faltaba a su clase, a veces, enfermo de bronquitis, llegaba al aula muy abrigado con su bufanda que le cubría todo el rostro, no podía faltar su grabadora y su micrófono, sus instrumentos didácticos, sus mapas, y su bitácora de lecciones que coincidían casi con precisión, a los materiales gratuitos de la SEP. Sus clases no eran aburridas, con él incluso aprendi los principios de las coordenadas geodésicas para ubicarnos en mar abierto, decía él.

Nos enseñó las capitales de los países reconocidos, hasta ese momento, por la ONU. Decía que la ONU era un organismo que había nacido para controlar nuestros actos, pero también hablaba bien de sus esfuerzos de pacificación. Si fuera necesario, decía, mandaria traer a los cascos azules, si la revuelta en el aula era grande y no hubiera autoridad que nos controlara. Todo lo que hacia o decía no era coincidencia, siempre tenia una intención didáctica o algún contenido que enseñarnos de forma transversal.

Tenía buen sentido del humor, pero no el humor que tienen muchos maestros de igualarse con los alumnos, era un humor que preservaba el respeto a su autoridad como maestro, tal vez no sabedor de todo, pero si sabedor de los contenidos vigentes en el plan de estudios.

Nos colocaba en filas según el rango que teníamos por nuestras calificaciones. Había tenientes, almirantes, nos daba reconocimientos en nuestros cuadernos emulando las insignias o estrellas que llevan en sus uniformes los marineros, y en el caso de un fallo en nuestra conducta o en calificaciones nos degradaba pidiendo nuestro cuaderno para borrar tales insignias ya entregadas.

Yo no sentía que iba a una clase, yo sentía que me convertía en un gran marinero, de la naval americana, mexicana o británica, eso no importaba, de la gran naval en donde aprendías todo sobre ríos, capitales, montañas, desiertos, depresiones, cimas y simas que hay en todo el globo terráqueo.

No diré su nombre, seguramente cualquier contemporáneo matriculado en la ETI 24 reconocerá a este maestro. Un gran maestro.

Azares didácticos en el aula que se borraron con la nueva reforma educativa.

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