Gritos y lamentos desesperados

(Con textos de Don Alfonso Reyes)
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Un día un varón meditaba sobre los depósitos de valor humano que había en su ser, ingredientes de su estabilidad emocional. Al igual que Don Alfonso Reyes inició una conversación con el mundo sin caer en la tentación de subordinar la verdad a ningún orden de interés en especial, reconociendo sus virtudes y defectos que por su pertenencia a la raza humana. Quiso dejar de ser un hombre vegetativo para ser un hombre pensante, activo, productivo, expectante, contemplativo, fecundo. Quiso dejar el ciclo de dormir, soñar, despertar y actuar para después repetirlo una y otra vez.

En eso estaba cuando de pronto comenzó a escuchar gritos mayúsculos en sus oídos que lo hicieron alucinar. Escuchó los gritos de niños huérfanos que sufren golpes y maltratos en casas hogar. Lamentos de mujeres embarazadas que fueron abandonadas por sus parejas al saber de su estado. Sensación desesperante de ser extraído del vientre de la madre en un aborto. Jovenes dando gritos de impotencia al ser destazados después de haber sido obligados a cometer torturas y decapitaciones. Sollozos de mujeres desempleadas y pasa por su cabeza abandonar a sus hijos. Llanto de niñas que son violadas por sus padrastros y tienen temor de acusarlos.

Dolor inagotable de una madre ante el robo de su infante. Sufrimiento insoportable por la muerte de un hijo en la guardería de Hermosillo. Dolor inaudito en las salas de pediatría de hospitales donde niños están en terapia intensiva padeciendo males terminales. Desconsuelo ascendente de un niño que vive en la calle.

Nada de lo que escuchó era susceptible de ser ordenado o remediado pensó. Nada de ello estaba en sus manos solucionar agregó. Pero de una cosa sí estuvo seguro: Si toda la humanidad ocupara su tiempo libre observando en su entorno para buscar a quien ayudar, este mundo sería diferente. Muchos sucesos tristes, tal vez, no todos, podrían tener fin. Nuestra perdición como humanidad ocurre en cada acto criminal.

Nuestro mundo no es más triste, malo o perverso por un café derramado accidentalmente en la camisa del prójimo o en el desamor que separa a una pareja. La mitad del mundo que ríe no tiene derecho a reir si la otra mitad está envuelta en lágrimas, dolor y microgritos de desesperación. No es pequeño mundo el mundo que habitamos tan solo por ser señores de nuestro ser, tener dominio de nosotros mismos y consentirnos en nuestras aficiones.

Tenemos que enseñorearnos del mundo ayudando a cambiar las vidas de los demás, sobre todo si se trata de darles una alegría o enjugar lágrimas ajenas. La vida no es el juego de Juan pirulero que cada quien atienda su juego. No podemos darnos el gusto de contemplar el cielo mientras otros están siendo amarrados a un vehículo aspirando el polvo del suelo y morir por los traumatismos del arrastre. El mundo es la suma de todos los órdenes de cosas existentes o posibles: el bien y el mal, la belleza y la fealdad, la pena y el gozo.

Ningún acto criminal se desprende de la nada, ningún acto delictivo apareció por casualidad o accidente. ¿ Acaso no muchos de ellos no pasaron por algún año en una escuela de instrucción elemental, por la bendición de un cura en el bautizo o por las bondades del pecho de una madre?. ¿En qué momento se desviaron? Alguien tuvo que haber sido negligente con ellos. Cuando vemos situaciones conflictivas a nuestro alrededor o nos enteramos de situaciones dolorosas es común pensar que son situaciones inevitables o fuera de nuestro raciocinio: Es imposible estar en todos lados, no somos dioses y tampoco nuestros ruegos y oraciones sirven de algo, llegamos a concluir.

Estamos siendo solo espectadores de situaciones que podríamos de alguna forma cambiar o impactar. El mundo debe dejar de ser un escenario ante el cual mostremos pasividad, dijo Protágoras que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Es entonces que afirmamos que si existe explosión de delitos en la humanidad resultamos ser todos unos criminales, por inacción o por complacencia.

Es el interés, el padre de la industria y la curiosidad, madre de la filosofía. Quien se interese por sus semejantes lo hará por ser muy proactivo, productivo, consciente, diligente, expectante. Quien sea que desarrolle su curiosidad por pensar qué acciones tomar o qué libros aprender, leyes o iniciativas proponer para ayudar a los demás el tal es quien desarrolla una curiosidad activa y provechosa. Si intentamos hacer algo por los demás no caigamos en el chismorreo pretencioso y morboso. Ayudemos a nuestro entorno y después… callemos para siempre nuestras buenas acciones.

¿Por dónde empezar?

Si algun asunto privado llega a ser de nuestro conocimiento en donde se sospeche que ocurre dolor y desesperación, donde hay abuso, explotacion o se hace sufrir a semejantes puede ser materia de iniciativa propia involucrarnos en un estudio mas profundo y de averiguación aunque nos llamen entrometidos, que no nos tome por sorpresa como sucedio con Crates el Tebano, quien por tratar de ayudar y aconsejar a otros lo llegaron a llamar “violador de cerrojos”.

Es política actual de hospitales públicos pasar al departamento de psicología a aquellos hombres o mujeres que muestren agresividad en su trato con los demás, con sus hijos o con el personal médico. Esa es una buena política pública. Como maestros podemos hacer mucho en nuestros colegios cuando diagnosticamos situaciones anómalas en las familias. ¡No nos callemos situaciones irregulares! Una derrota que estimula a no bajar la guardia se produce cuando otros nos desaniman o impiden seguir ayudando a los que viven en la desgracia.

La costumbre es una segunda naturaleza y muchas situaciones negativas, crímenes, o delitos se están convirtiendo en una costumbre diaria de nuestro acontecer en nuestra comunidad, en nuestro país. La naturaleza humana de bondad, de decoro, de respeto y de amor por los demás debe ser rescatada como una primer naturaleza. La segunda naturaleza nos esclaviza a todos en tanto que siga desatada ocurriendo por doquier sin control y con la connivencia de las autoridades. Por mi parte ya deje de ser un “Robinson metafísico” y he decidido hacer algo por los que estén a mi alcance.

¿Y tú?…

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