Disertación Cartilla Moral. Primer Asamblea Cívica del Ciclo Escolar 2013-2014

Disertación sobre la Cartilla Moral en la Primer Asamblea Cívica del Ciclo escolar 2013-2014
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No nos queda duda alguna, y apoyándonos en las palabras de Don Alfonso Reyes, filósofo, escritor de principios del siglo XX, que el hombre es superior al animal por su conciencia del bien. El bien no debe confundirse con nuestro gusto o nuestro provecho. Quien quiera que piense que esté haciendo algo bien, o su decisión es buena o está bien primero piense si es un bien para todos y si estamos sacrificando en algo o en mucho el provecho propio. El bien no es egoísta.

La razón de que existen personas humanas, porque también existen personas inhumanas e incluso las personas divinas, la razón de que exista la familia, la patria y la sociedad es porque todos ellos nos hacen un bien, son las figuras del bien: la familia, la patria y la sociedad; no son figuras del mal, fuera de la familia, de la patria y de la sociedad están las personas del mal, las personas inhumanas, los terroristas, los delincuentes, los corruptos, los ladrones y los desobedientes al bien.

El bien es el conjunto de nuestros deberes morales.

Estos deberes obligan a todos los hombres de todos los pueblos. El bien no es exclusivo de un pueblo o de una nación como nos venden en las películas de Hollywood en donde nuestros vecinos del norte, los norteamericanos siempre tienen el carácter de buenos, y todos los demás son malos. La desobediencia a los deberes morales es el mal.

El mal lleva en sí mismo, su castigo, en el propio sentir de la vergüenza. Cualquier persona tiene conciencia de que está haciendo mal, siente vergüenza por más que lo niegue o endurezca su expresión en su rostro tratando de convencer a los demás de que está obrando bien y no se averguenza. La persona que practica el mal sufre la desestimación de sus semejantes, sufre la crítica generalizada, todo mundo murmura o susurra de que tal o cual persona está cometiendo un mal por más que por el cinismo se retraiga o se escude, se excuse o se esconda. Cuando el mal es grave, además, lo castigan las leyes con penas que van desde la indemnización hasta la muerte, pasando por la multa o la cárcel. En esto no es necesario abundar, no es una hipótesis, es una consecuencia que tarde o temprano se hace realidad.

Cuando alguien hace el bien aparece una felicidad firme y verdadera, una felicidad generalizada, no es una felicidad de uno o de unos cuantos, es una felicidad de todos. El que tiene la conciencia tranquila, el que vive contento consigo mismo, aquel que pide poco de los demás y da más de lo que recibe esa persona está dentro del bien.

La sociedad se funda en el bien.

Es más fácil vivir de acuerdo con las leyes de la sociedad que fuera. Es mejor negocio ser bueno que ser malo. Esto es contrario a las ideas que promueven los corridos y las telenovelas en donde percibimos que los malos son los que prosperan, los que se hacen ricos, los que delinquen avanzan. No es así.Si los medios electrónicos o nosotros mismos nos convencemos de que los malos ganan nos estamos engañando.

El bien nos obliga a obrar con rectitud, a decir la verdad, a conducirnos con buena intención. Me da gusto por ejemplo que en mi actual grupo a veces llego y encuentro un papel en el suelo o alguien que estaba silbando y pregunto quién está silbando, y tal o cual persona que silbaba me dice con toda honestidad: Yo profesor. Ese valor civil no es de tontos ni de ingenuos, es de personas honestas, de alumnos que hacen el bien. Ojalá esa actitud prevalezca siempre. El bien nos obliga también a ser aseados y decorosos, corteses, benévolos, laboriosos, cumplidos en el trabajo, respetuosos con el prójimo, muy dispuestos en ayudar a los demás. El bien nos obliga a ser discretos cultos y educados en la medida de nuestras posibilidades.

Todos tenemos algo de bondad por naturaleza, pero no basta con el instinto de bondad, debe completarse con la educación moral, la educación en valores, con la cultura y la adquisición de conocimientos. Ya que no basta tener una buena intención.

La moral humana es el código o el libro de leyes del BIEN. La moral nos obliga a una serie de respetos. Estos respetos están unos contenidos dentro de otros.

Primero, el respeto a nuestra persona, en cuerpo y alma. El respeto a nuestro cuerpo nos enseña a ser limpios y moderados en nuestros apetitos naturales como el de comer o el apetito por la diversión o la alegría, el placer. El respeto a nuestra alma se resume en practicar todo tipo de virtudes de orden espiritual los cuales muchos de nosotros podemos cultivar en la religión, en la poesía en la contemplación y la meditación.

Segundo. El respeto a la familia. Este respeto va del hijo al padre y del menor al mayor. El hijo y el menor necesitan ayuda y consejo del padre y del mayor. Pero también el padre debe respetar al hijo, dándole solo ejemplos dignos. Y lo mismo ha de hacer el mayor con el menor.

Tercero. El respeto a la sociedad humana en general, y muy en especial a la sociedad particular, la comunidad en la que nos tocó vivir. Esto supone desde luego la obediencia a las costumbres consideradas como más necesarias. No hay que ser extravagante. No hay que hacer todo al revés de los demás solo por el afán de molestarlos.

Cuarto. El respeto a la patria. El amor patrio no es contrario al sentimiento solidario entre todos los pueblos. Es el campo de acción en que obra nuestro amor a toda la humanidad. El ideal es el llegar a la paz y a la armonía entre todos los pueblos. Para esto, hay que luchar contra los pueblos imperialistas y conquistadores hasta vencerlos para siempre.

Quinto. El respeto a la especie humana. Cada persona es como nosotros. NO hagamos a los demás lo que no queremos que nos hagan. La más alta manifestación del hombre es su trabajo. Debemos respetar los productos del trabajo. Romper vidrios, ensuciar o grafitear paredes, destrozar jardines, tirar a la basura cosas todavía aprovechables son actos de salvajismo o de maldad. Estos actos también indican estupidez y falta de imaginación. Cada objeto producido por el hombre supone una serie de esfuerzos respetables.

Sexto y último: es el respeto a la naturaleza que nos rodea. Las cosas inanimadas, las plantas y los animales merecen nuestra atención inteligente. La tierra y cuanto hay en ella forman la casa del hombre. El cielo, sus nubes y sus estrellas forman nuestro techo. Así es jovencitos, cuando lleguen a su casa no vean el techo de su casa como su techo, su verdadero techo es el cielo y las nubes. Por lo tanto debemos cuidar las plantas, los animales domésticos. Todo ello es patrimonio natural de la especie humana. No es ni gracioso ni de personas de bien torturar animales como jóvenes que torturan animales y suben sus actos estúpidos al Facebook y tampoco destruir plantas.

Aprendamos a estudiar nuestra casa que es la tierra, las ciencias y aprendamos a amar lo que es bueno, lo que está bien, llegaremos a ser más felices y más sabios. Jovencitos mexicanos, en el mes de la patria que Viva México, que vivan los mexicanos que les guste hacer el bien a los demás.

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