Entrañas de Stalin

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¿ Por qué te mira tanto a los ojos? La seguridad que da el que te mire a los ojos es falsa. En realidad, está examinando la forma en que volcará hacia ti todas sus baterías para atacarte. Domina la idea de que si miras de frente estás hablando con la verdad. Su drama familiar, complejo y sombrío, lo descubres en su mirada. No repara en la idea de detener sus maquinaciones, ocasiones para intimidar y robar la paz a su alrededor, si es preciso, hará espacios para platicar horas y convencer de alguna acción que asegure sus objetivos ocultos.

Pocos segundos antes de pronunciar un discurso o un mensaje, no tiene la medida de las líneas que va a transmitir, solo tiene una vaga idea, cree tener toda la información, pero en realidad no tiene la menor idea de cómo habrá de convencer a quien tenga que convencer, pero ya en el momento, solo hace gala de sus muy recurridas mentiras que ha utilizado en el pasado, y las retoma mezclándolas con la verdad.

La compostura misma de su discurso muestra también que habla improvisadamente. Todos descubren esta situación y prefieren dirigir su atención a otro tema, a otra problemática, y asi sigues distraído hasta el momento en que te reconvenga por tu foránea dilucidación

Al igual que Stalin, crea la figura del “enemigo del pueblo”. Es ese que llegó sin las credenciales y la fuerza del lazo familiar o de amistad que aprueba sin negociación. Esos que no tienen su bendición son los culpables de todo: – hay que deshacerse de ellos antes de que ellos se deshagan de nosotros- lo afirma con la muy reforzada idea de contar con la autorización cesárica romana para decidir alzas o caídas.

Traza al azar con extrema vileza las directrices de las acciones a seguir en la organización. Pocas veces da pie con bola pero no le importa, es por demás asertiva la complejidad de sus vaivenes puesto que, hasta el día de hoy, ningún superior ha llegado a evaluar su desempeño y romancea con la esperanza de ese improbable acontecimiento.

Se presenta siempre en cada reunión, en cada asamblea como un Diabolus ex machina, la deidad que viene a resolver toda situación de manera excelsa. Algunos incondicionales no tienen problema en que se otorgue esa calidad, tampoco les convendría fomentar la contrapartida, pero de tanto haberse amoldado a esta etiqueta se niegan en lo cotidiano y en lo futuro su propia corona.

En contadas ocasiones quisieran seguir siendo “Stalinistas sin Stalin” y recuperar el espíritu del “Stalinismo” “sano” e inocente” que lo caracterizó en los primeros años de su “cursus honorum”, cuando apenas se construía y edificaban los cimientos de todo, cuando aún no aparecía el derramamiento de sangre, las traiciones, las componendas, los enroques y los privilegios.

Entre sus subalternos el espíritu de tejer nuevos valores compartidos se hizo presente gracias a los medios de la clandestinidad, descubrieron el goce de cooperar entre todos. No se debate la conveniencia de tumbar a Stalin, se construyen los procesos necesarios para una vida “Post Stalin”, en donde no importará la cabeza, lo fundamental será sobrevivir ante los embates de los verdaderos enemigos.Sueñan hasta los limites que imponga la realidad… o hasta que Stalin dé el manotazo y acabe con el espíritu colaborativo de construcción del grupo.

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