Reflexiones pedagógicas de “La Respuesta a Sor Filotea”. Tercera Parte

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Ardua empresa es ejercer deliberaciones para elegir el camino que hemos de seguir en la búsqueda de la realización personal mediante el estudio. La vocación será la que sea fácil para nuestro entendimiento ingenuo, ya que nadie está obligado a perseguir un imposible, sea porque no se cuenta con las habilidades necesarias, el tiempo, disposición o apoyos requeridos para perseverar en una disciplina.

Muchos de nosotros fuimos obligados a elegir cierta disciplina, por imposición o necesidad. Las preguntas que debemos hacernos cuando hemos de elegir la vocación son: ¿En qué soy hábil? ¿Qué conocimientos tengo? ¿ De qué materiales o recursos dispongo?

Por el hecho de inventariar deseos y energía para emprender una carrera no es suficiente, debe regir en nuestro espíritu humildad intelectual para acceder al conocimiento siempre reconociendo nuestra ignorancia y sin afán por dominar tanto la disciplina que el arrebato de la inmadurez nos impulse a ser expositores de la misma. Tampoco hemos de conducirnos en nuestro aprendizaje torciendo cánones y códigos ya establecidos como método. Enseñar sin virtud y ser propositivos antes de tiempo nos mostrará ante los demás con desmedida soberbia. Antes bien la convicción de estudiar debe llevar por principal fin en palabras de Sor Juana : “ Que sólo se estudie por ver si con hacerlo se ignora menos”.

Las razones que llevaron a Sor Juana a enclaustrarse en el hábito de monja se resumen todas en ser congruente con su voluntad de alejarse de la ignorancia y el bullicio de la vida, permutarlas por la tranquilidad y comodidad de pertenecer a una orden religiosa.

Se alejó de un estado de cosas que le negaba a la mujer su acceso a las ciencias. Por mucho tiempo quiso esconder su trayectoria en las letras para evitar problemas,críticas y envidias en los medios intelectuales de supremacía masculina. Por esta discrepancia con las estructuras rectoras de su tiempo creyó conveniente que su entendimiento disminuyera o permanecer en un bajo perfil. El reconocimiento que adquirieron sus letras tuvo que digerirlo como adulación inmerecida, y, por lo mismo, desconfió de ese reconocimiento, tanto como lo hacía de su intelecto.

No deja motivo de duda para las generaciones posteriores que todos los buenos hábitos que Sor Juana adopta los imita de su familia: Sus hermanas, su madre. – ¿Quién es tan sincero para admitir nuestras fallas como padres y como maestros?-, en que no aportamos un buen ejemplo para ellos en la adquisición de buenos hábitos. La infancia de nuestra monja barroca se ve rodeada de buenos ejemplos de hermanas mayores que se enamoran de la lectura y ella se contagia de esa misma pasión. He ahí la clave secreta de toda la pedagogía: Los hábitos se aprenden con el ejemplo.

Teniendo seis o siete años (dice Sor Juana) comenzó a escuchar que en la ciudad capital de México existen universidades y escuelas de ciencias. Por analogía pregunto, a ti lector de nuestro tiempo moderno: ¿desde qué edad fomentamos en nuestros hijos y alumnos la existencia de las universidades? ¿En qué momento los llevamos de la mano para que conozcan estos centros de estudios superiores? ¿Tan solo a días de graduarse del bachillerato? ¡Sor Juana supo de estos niveles educativos desde los 6 años!

El método de Sor Juana para la exploración de las formas y naturalezas nuevas consistió en el avance peldaño a peldaño, bien dijo: – ¿Cómo entenderá el estilo de la Reina de las Ciencias quien no sabe el de las ancillas? (siervas).

El curriculum de Sor Juana incluía la Lógica, la Física, el Arte Mecánico, la Música, la Aritmética, Geometría, Arquitectura, Historia, Derecho y por último la Sagrada Escritura. En cada peldaño alcanzado se fijaba metas y retos que con todo rigor superaba. En el supuesto caso de que no superara una prueba se autoinfligía un castigo aquiescente: cortar su hermosa cabellera y dejarla crecer hasta fallar en un consecutivo reto.

Su espacio y su tiempo personal era su gran capital que cuidaba como se protege la joya más valiosa. Menciona como estorbo esa comunidad, mejor conocida como relaciones humanas, tanto las que por relación consanguínea son obligadas y las que sostuvo en su claustro religioso. En las relaciones humanas gustó de participar, pero en ocasiones las contaba como prenda ( derecho) y en otras como castigo.

Conciliar los ejercicios religiosos con lo secular provocó en la monja novohispana una sensación de explotar como pólvora de tanta frustración por cumplir a medias con todas sus ocupaciones: comunidad, religiosidad, pero en todo lo religioso permanecía ausente, celosa del tiempo que la alejara de su industria literaria y filosófica.

Las dificultades que encontró en el conocimiento las resume en una sola: la distracción. Limitante es la distracción ya que el conocimiento es muy diverso, en el catálogo se presentan muchas disciplinas y éstas demandan toda la atención de un estudiante.

¿Podemos estar de acuerdo todos los docentes del mundo que la distracción representa el mayor reto a vencer para alcanzar el logro educativo?
Continuará.. Cuarta parte

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