Reflexiones pedagógicas de “La Respuesta a Sor Filotea”. Primera Parte

Reflexiones pedagógicas de “La Respuesta a Sor Filotea”. Primera Parte
En esta carta mejor conocida como la ” Carta Atenagórica” nuestra décima musa engendra un espectro de conocimiento visible y tangible como la única gran samaritana recopiladora de la cultura universal y la literatura novohispana.Un neófito cualquiera, como el de la voz, encuentra que las proporciones de sus letras son incalculables.
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Los tiempos de simplezas que vivimos en nuestros días te invitan a unirte a la mediocridad o siembran en ti un deseo por recopilar todo aquéllo que fomente la erudición. Estimulado por Sor Juana el educando contemporáneo puede descubrir también, como lo hizo ella, que es imposible unir dos elementos aislados sin un tercero, y ese vínculo o medio que une al hombre con su entorno es el conocimiento.

Comienza su carta atenagórica por aclararnos que es una mujer de voluntad de acero, que todo lo que inicia lo termina con calidad y pulcritud a pesar de su precaria salud. Cuántas veces no ocurre a adolescentes y adultos que dejamos de asistir a nuestras labores por cualquier molestia y pretendemos que se nos justifique la falta con recetas de aspirinas.

A Sor Juana le importa mucho cada acción suya y las de los demás, es condescendiente al responder a una carta que recibe hermanándose a lo que ella declara ser “ un afecto inmerecido de escribirme” y lo hace después de llenar su pluma de un conocimiento, valor y respeto idéntico o equivalente.

El recibir cualquier correspondencia le sorprende tanto al grado de navegar por las razones por las cuales ha sido medida con el peso idóneo para que alguien la elija para solicitarle una opinión, la inviten a una charla o le remitan una epístola. Hoy en día, el alumno se siente agobiado o agredido si le solicitamos una opinión, una tarea o un proyecto y los maestros estamos bajo órdenes de aceptar como trabajo o tarea, cualquier producción que un alumno tenga a bien entregarnos y valorarlo como aceptable sin importar los acuerdos de evaluación o rúbricas, o por decirlo de alguna forma: sin respetar el contrato que hicimos de indicaciones o requisitos que debe cumplir tal encomienda.

Iniciativa, ganas de ser creadores y productores, compromiso, pulcritud y la calidad en nuestras consignas han dejado ser parte de la constitución intelectual de quienes se dicen estudiantes.

Resalto que enseguida plasma en su escrito con mucha realidad el instante en que recibiera esa carta, el cual fue un momento en que fue como obtener un favor no esperado pero muy agradecido porque cualquier favor recibido y no solicitado es al mismo tiempo un favor requerido y anhelado; lo que es aún más destacable es que Sor Juana nos contabiliza lo que ella etiqueta como muchos favores todos aquellos contactos con otras personas, sin importar su nivel y posición, con las letras, las artes, sus votos monásticos y apoyos recibidos de su madre, sus maestras, sus hermanas y otras personas que mecénicamente le otorgaron su favor en la construcción de su erudición.

En algunos segmentos de la carta declara que mucho de lo recibido hacia su persona no fue fácil recibirlo, de niña se ocupó en alguna ocasión de vestirse de hombre para que su madre percibiera una ansiosa inquietud de estudiar como lo era solo reservado para los hombres.

Distinguió su desventaja de género por la época en que vivía pero no por ello desestimó sus capacidades, se conocía a sí misma, se sintió completa, única, sola y aislada como ser humano independiente a sus progenitores, y aunque se amara lo suficiente como también su madre y hermanas la amaban sin negligencia consideró vital y necesario, desde muy corta edad, disponer su corazón e inteligencia para desarrollar la lectura y escritura y toda arte que estuviera a su alcance.

Cuántas muchachitas podrían encontrar en Sor Juana su ser, su espacio y su devenir, si el currículum incluyera su dedicación y consideración por conceptos de imperativa meditación. No bien llegan a los 15 o 17 años y se percibe en ellas una nula capacidad para amarse y darse a respetar, no significan nada para ellas el tener contacto con personas educadas o de elevadas finezas; por el contrario ya le celebran a desdichados sus escándalos o a infractores ayudan a cometer fechorías, sienten simpatía por todo tipo de trivialidades y rebeldías,o en el peor de los colmos buscan también congraciarse con ciertos maestros irresponsables carentes de juicio que también gustan de la simpleza de los chicos de esta edad, de sus gustos estrafalarios.

Estas chicas investidas de desajustes hormonales propios de la adolescencia pronto caen en el sometimiento a sus instintos, se embarazan y cancelan un alternativo futuro más progresista que implica responsabilidad y dedicación.

Por todos sabido que debemos invitar a las chicas y chicos a que tomen decisiones responsables e informadas, pero por qué sorprendernos, tampoco muchos padres de familia y maestros saben cómo decidir, hacen lo que les viene en gana perdiendo el más mínimo sentido común al abonar en la cuenta bancaria de la arbitrariedad y la vulgaridad.

Sor Juana Inés de la Cruz encontró desde temprana edad un carácter apasionado por construir definiciones y conceptos de gran relevancia, muchas de ellas en multitud de palabras, otras en forma breve. No negó sus bajas pasiones pero siempre supo escoger lo más provechoso y dejar de lado la paja, y de todo aquello que ponderó con su corazón y sus manos tocaran supo considerarlo por escrito sea que aquéllo lo haya encontrado benéfico o o dañino, interrumpir la meditación habría sido para ella caer también en la simpleza.

Nos alejamos de la simpleza también cuando en la autoevaluación los educandos van escribiendo acerca de sus aprendizajes, lo que captan, lo que no, lo que admiran y lo que detestan ,lo que gustan y disgustan, esto los hace ser más sensibles y más conscientes de sus progresos y de los progresos de los demás. Explorar el entorno con palabras y acciones con el propósito de una búsqueda de mejoras es algo que del currículum no debemos eliminar. La razón es muy sencilla: es poco útil leer y no producir algo, cuánta gente lee y jamás produce algo en pro del beneficio común, cuántos intelectuales tenemos en México que se precian de ser intelectuales no han hecho nada en concreto por mejorar las condiciones de este país y únicamente han sido acompañantes de las clases más favorecidas en la consecución y protección de sus bienes.

En otra parte de la carta se percibe a sí misma, no con falsa modestia, como muy poco digna de ser bendecida con tantas remuneraciones que al materializarse arrojaron como resultado una erudición por siglos admirada.

Le da voz propia al hecho de distinguir más como un castigo que un premio obtener retribuciones que incomprensiblemente escapen a nuestro entendimiento. Lo cual es posible aplicar cuando obtenemos una presea o una dádiva inmerecida, logros alcanzados con trampas como cuando optamos por comprar con sobornos una plaza de trabajo o como empleados que obtienen promociones siendo deshonestos.

Si Sor Juana, que con mucho esfuerzo obtuvo el reconocimiento de notables académicos que la examinaron, se declara a sí misma no merecedora de bendiciones, y que lejos de ser para ella bendiciones las toma como maldiciones dada la observancia que hace de su pecadora naturaleza, en qué nivel de valor debieran considerarse quienes obtienen sus logros por la vía de la artimaña.

Continuará….
Reflexiones pedagógicas de “La Respuesta a Sor Filotea”. Segunda Parte

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