Priscila de Efeso

No soy de los que huyen de las batallas, fui hecho cautivo en los últimos embates bárbaros y tan pronto me dieron mi libertad decidí esconderme en esta ciudad de negocios, mezclado entre comerciantes y hechiceros inicié una nueva vida abriendo un agujero en una colina de esta gran ciudad. Escaseaba de trabajos y me uní a un grupo de mercenarios que se encargaba de vigilar por encargo. Pronto llegué a liderear a este grupo dados mis atributos en el arte de la guerra. La idea era dar información a quien la pagara sobre movimientos de mercancías, prostitución, ingreso de migrantes y nuevos eruditos que alteraran las ideas del lugar o bien alertar de cualquier conspiración contra gobernadores y generales.

Por absurda que al principio me pareció esta actividad para ganarme la vida después fui hallándole el sentido más profundo de aquello a lo que me dediqué para comer. Inimaginable e inadvertidos eran para mí los peligros a los que me comencé a enfrentar, luchas cuerpo a cuerpo con quienes realizaban la misma actividad para otros postores. Acaso puedo pensar que en algún futuro este trabajo tendrá menos incógnitas y más retribución para tanto riesgo que se corre a diario la vida. En cambio surgió en mí una verdadera fascinación gratificante observar a la gente. Podía observarla hasta en sus intimidades puesto que yo fingía tener múltiples oficios para llevar a cabo mi trabajo.

Comencé a registrar toda la información con mayor precisión cuando me asistí de una joven a la cual visitaba por las noches para darle todo detalle de lo que observaba durante el día y así me dediqué de lleno a clasificar mis observaciones con menos ambigüedad aunque no siempre sin la arbitrariedad que caracteriza a mi observación subjetiva.

Toda la naturaleza extraña y misteriosa de mi profesión de observador y espía en ocasiones me hizo pensar que no tenía vida por contemplar y considerar la vida del vulgo en la ciudad. La ciudad no dejará de existir sin mí como testigo, pero yo dejaré de existir si alguno de mis postores que compren mi información me halle falto de verdad en mis recuentos de situaciones que le hagan perder dinero o privilegios. Tampoco me es posible en la realización de mi labor marchar contra el normal desarrollo de las cosas de forma que pueda llegar a ser descubierto como espía informante. Tal situación sería anular mi suerte de torre vigilante y me descalificaría al no llevar a cabo mi actividad por alterar la vida en la ciudad.

Entre espías podemos llegar a aniquilarnos al descubrirnos unos a otros puesto que esta profesión es más una competencia ambiciosa criminal que una actividad básica normal para ejercer.
Éfeso es una ciudad asediada y codiciada por atenienses, seléucidas y actualmente por el imperio romano al cual pertenezco. Quizá con el correr de los años esta ciudad llegue a ser solo ruinas, pero por el momento los poderes de la tierra parecen surgir de esta misma localidad generadora de dioses y diosas, de epifanías y de lujuria exacerbada. Ciudad en donde el moribundo pudiente es envuelto en ricas telas para preservarlo de su enfermedad y así imaginar se le evita la muerte. Al morir lo único que resta es ser encerrado en un cajón y echado al fondo del abismo.

Mucha gente de todos los puntos cardinales vienen a pedir por sus necesidades a la diosa Artemisa y a unos nuevos dioses que promueven unos ciudadanos judíos y romanos que no creen en los dioses romanos pero creen en un dios nuevo que acompañado de otros doce dioses fue llevado a una cruz y al parecer fue muerto por blasfemar contra otro dios del cual tampoco tengo conocimiento exacto. Una inconfundible curiosidad ha despertado en mi tales creencias, y aún mas porque quien dirige ese lugar religioso es una mujer hermosa que atrae a mucha gente de la misma creencia llamada Priscila.

La más bella, la más hermosa, eso se dice de esta ciudad que con tan solo pronunciar su nombre: “Éfeso”… lleva a los capitanes de barco a detener con entusiasmo su embarcación para reabastecerse de víveres y para descargar todo tipo de mercancías. De tantas personas y situaciones que se me encarga vigilar llegué al climax de mis observaciones cuando conocí a Priscila, la más bella de ese raro templo oculto entre las colinas de esta gran ciudad. Una mujer viuda romana que antes vivió en Corinto, casi una diosa de cabellera negra brillante y perfecta, de busto prominente y mirada carismática, invitantes labios rojos que te someten a adorar lo bello y lo honesto de su tierna y dulce voz manteniendo mi pulso acelerado.

Capitana de voluntades, aun de la de su difunto esposo Aquila, no logro entender la verdadera razón por la cual una mujer dirige los encuentros religiosos en ese lugar, acaso sea por su belleza, o por su elocuencia, lo único cierto es que de todas las mujeres de esta ciudad, ella es la más codiciada porque se dice que es de las pocas muy reservadas en su forma de ser.

De inmediato dispuse mi tiempo libre en pensar en algún artilugio para acercarme a ella sin que lo advirtiera.

Y así fue. Fingí ser un nuevo adepto a su religión. Mientras muchos asistentes entraban al lugar sin ser atendidos por ella misma, a mí me mandó llamar amablemente con su mirada y me senté a un lado de ella durante el mensaje de otro orador del lugar. Pensé que tal vez le llamó la atención mi fisonomía musculosa de guerrero implacable lo que le haría pensar que tiempos atrás fui centurión. El lugar es el centro de la redención y la nueva vida, pero mi nueva vida recién comenzaba mas motivado a seguirla junto a esta mujer madura y viuda que cada vez que volteaba a verla me enamoraba sin poder ponerle fin a la sensación.

Me retiraba del lugar por días o semanas por situaciones que vivía en mi oficio y cuando regresaba al templo siempre buscaba mi mirada y me pedía me sentara a su lado. Días transcurrieron y ella comenzó a decirme que era la hora para que tomara una decisión para entrar a una nueva vida al tiempo que escuchaba su larga disertación, repentinamente me hizo una gesticulación para que pasara al frente en una especie de coronación a mi paciencia por escuchar por tantas semanas un mensaje nuevo pero inentendible que esta mujer recita como de memoria incansablemente.

Me dieron ella y los demás asistentes un abrazo de aceptación al grupo de esta religión nueva y al momento de abrazarla pude finalmente sentir con mis manos su silueta encantadora y no creía fuera tanta mi suerte en ese momento en que la abracé, comprendí que en esta religión nadie malentendería aún si la besara en su mejilla como realmente lo hice porque cualquiera pensaría que mi corazón demostraba un agradecimiento sincero por aceptarme en su congregación.

Con el tiempo fui asistiendo con más regularidad y continué ejerciendo mis labores de información y recuento de mercancías. Me fui dando cuenta que ésta es una veneración a dioses nunca antes vista: las mujeres y los hombres pasan el tiempo leyendo escritos y escuchando a oradores, cantan, danzan remolineando sin aprender los pasos de danza con anterioridad. Los niños también recitan credos y gritan con autoridad al leer los escritos como si fueran adultos y hay personas que al citar algún pedazo de los textos caen como muertas al suelo pero poco después se levantan como si nada les hubiese acontecido.

Si alguno tiene una necesidad la cubren con los tributos que recogen de toda la congregación y si por avaricia alguno tomara del canasto piensan que podrían llegar a morir como a un matrimonio en el pasado le aconteció.. Las mujeres en su relación con sus maridos no se atreven ni siquiera a contradecirlos, son instruidas a obedecer y por ningún motivo pueden traer el cabello más corto que sus varones esposos. Los hijos son tratados con dulzura pero no se les detiene alguna llamada de atención o castigo si osaran omitir o cometer algo considerado no permitido por ese gran Dios que tienen a quien le atribuyen la creación de todo lo que se ve y lo que no se ve.

Algunas personas en ocasiones permanecen unos días en la congregación, son aquellos conocidos como misioneros por viajar a otras partes del mar Egeo y hasta Roma y son quienes están especializados en llevar el mensaje de que esta veneración es la única que puede dar alivio a enfermedades y a la muerte.

A veces cuando toda la congregación se junta el primer día de la semana se ponen a cantar en idiomas desconocidos lo cual me hace pensar que son poseídos por seres inmateriales, y todo lo que necesito hacer para hacerles creer que me he apropiado de sus rituales es escuchar y traer los escritos que leen bajo el brazo. ¿Cuántas personas en este lugar o en otros parecidos habrá que simulen ser creyentes de estos nuevos dioses por alguna motivación muy particular? No podría calcular tal número, pero quizá pudiera hacerlo y sería un gran maestro en la observación de conductas humanas al poder determinar cuantos de todos los que me rodean fingen pertenecer a este séquito de filiales a este credo extraño.

Las muchas palabras que escuché desde que llegué a convivir con esta gente pastoreada por esta hermosa mujerimages (3) me han hecho cambiar de idea acerca de mi trabajo y tiempo después me ofreci yo mismo para crear un puesto de resguardo de la seguridad de las personas que dirigen el templo, aun sin paga. Mi interés era estar cerca de ella, de quien me enamoré.

Nunca me gustó trabajar sin tener una paga justa, me consideraría a mi mismo un esclavo, pero en esta ocasión pude hacer una excepción y a pesar de estar sin paga nunca me faltó alimento y lo que necesitara.

Meses después pude declararle mi amor. Priscila llegó a confiar en mí y se convirtió en mi líder pero también en mi consejera. Pude perder mi trabajo como informante pero no me perdería de la mirada pura y sin malicia de esta mujer. Dificil hallar entre todas las mujeres una que tenga el pleno deseo de que permanezca siempre a mi lado, aunque no es mi mujer Priscila me hace sentir con sus bellas y sonrientes miradas y tacto que si lo es, aunque no lo sea.

La puedo admirar de muy cerca en cualquier momento, me he convertido en su guardia personal y la sigo a todas partes incluso a sus aposentos para protegerla, pero también para asistirla. Ella sabe que todo mundo desconoce lo que siento por ella pero a pesar de ello no me limita en ningún sentido para estar cerca, tal vez existan murmuraciones entre los asistentes a la congregación sobre la cercanía que tenemos pero ella está segura que ningún mal le haría y siendo que ella no tiene hombre a su lado cualquiera podría entender que aunque sea su guarda protector ella y yo pudiésemos tener una relación excepto por una limitante: que poco a poco se dio cuenta que solo he fingido para estar cerca de ella. Me lo dice cada vez que intento tratar el tema de tener algo más con ella pero no pierdo la esperanza de lograrlo.

Su férrea voluntad está en no desagradar a ese dios que tanto predica, al cual no entiendo, no logro comprender el motivo por el cual si es el creador de su belleza sea algo impuro para mi alma disfrutar de su cuerpo y corazón. Solo existe un dueño para ella y es su Dios. En ocasiones me hace pensar que si desea ser mi mujer pero cuando esta a punto de serlo su voluntad religiosa la hace negarse a mí siendo la cuestión de alguna norma extraña y desconocida la que le impide entregarse por completo a una nueva relación sentimental.

Lo último que en relación a mis intentos de conquistarla me dijo fue:
– “ pronto descubrí que solo te acercaste a la congregación para conseguir estar conmigo, casi estás a punto de lograrlo pero lucho por no ceder a tus caprichos porque mi alma es mas importante que mi ser corporal, pido en oración a mi Dios que me libere de las ataduras del enemigo con esta tentación que siento, pero tambien pido que pueda seguir contando con alguien como tú que me ama porque me agrada que alguien de “carne y hueso” se preocupe y me consienta como tú lo haces”-.

Ha dicho en sus predicaciones a toda la congregación que los humanos pueden llegar a ser servidores de la divinidad y son los que alcanzan la vida eterna, pero por otro lado, en una categoría de menor valor podemos llegar a ser solamente instrumentos desechables para su uso. Me puedo conformar con ser un instrumento de futuro desprecio eterno…. siempre que sea para servirla y atenderla temporalmente en todo.

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